Una pareja jubilada se va a vivir a una casa flotante de 25 metros en mitad de un pantano: “Me decían que estaba loco”
La nueva propiedad de la pareja se ha convertido en un centro de interés para algunos estudiantes y curiosos que se acercan a ver el resultado.

Valdemar Negreiro, a sus 80 años, es toda una inspiración para quienes deseen hacer sus sueños realidad, por muy locos que puedan parecer. Con tan solo 10 años, Negreiro soñaba con vivir algún día en un barco mientras navegaba el río Juruá, que atraviesa parte de Perú y Brasil. Tras su jubilación, a mediados de 2019, ese niño comenzaría a ver su sueño hecho realidad.
Con una construcción íntegra de madera, la casa flotante de Negreiro y su mujer se encuentra en el Lago Verde, el cual adquirió su forma actual gracias a la obra del jubilado. La ubicación no era más que un pantano que se utilizaba como vertedero a los inicios de la construcción del barco. No obstante, según explica la mujer de Negreiro, Lucimar Gomes, retiraron toda la basura y la llevaron lejos gracias al apoyo de toda su familia.
El diseño de la casa, también obra de Negreiro, cuanta con 25 metros de largo por 5 metros de ancho. Al igual que el resto de hogares no flotantes, el barco cuenta con un baño, dos dormitorios, u na cocina y zonas de ocio, con capacidad para más de 40 personas, tal y como se demostró tras la visita de 40 estudiantes universitarios interesados en la estructura del barco. “Mientras lo construía me decían que estaba loco, pero cuando estuvo terminado vinieron personas que querían comprarlo”.
“Construí mi familia viajando”
La casa flotante de Negreiro, a diferencia de lo que se puede pensar por su estructura, no tiene motor ni navega por el río. Su función es simplemente servir como hogar flotante en el lago. Para conseguir una casa fija y estable, Negreiro tuvo que poner todo su esfuerzo en el diseño de la parte inferior del hogar de sus sueños de infancia.
"Construí mi familia viajando siempre en barco, vendiendo mis productos”, explica él, según informa Náutica. Su vida sobre el mar no acaba en este hogar, para poder seguir navegando, la casa cuenta con un pequeño bote amarrado cerca de la zona con capacidad para seis personas y que utilizan para explorar el río Moa, en la frontera entre Brasil y Perú.
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En aquel río, Negreiro solía dedicarse a repartir bebidas refrescantes a las comunidades y escuelas de la zona, así como a llevar turistas de excursión. “Dejé de viajar, pero todavía conservo este bote para viajes, subir a la montaña y pescar”, explica el jubilado.
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