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Una mujer prejubilada deja su vida atrás y vende todo para vivir en un crucero por tres años: “Los recuerdos quedaron grabados”

Una experiencia abordo que le permitió conocer el mundo sin renunciar al lujo.

Una mujer prejubilada deja su vida atrás y vende todo para vivir en un crucero por tres años: “Los recuerdos quedaron grabados”
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Lynn Krominga, exasesora legal de Revlon en Nueva York, decidió cambiar su vida en 2011 tras descubrir The World, un exclusivo crucero que da la vuelta al mundo de forma permanente. Después de una semana de prueba tras estar ya casi jubilada, vendió su apartamento en Manhattan y compró una habitación de 167 metros cuadrados a bordo, embarcándose en una experiencia que la llevó a más de 135 países en los siete continentes.

Durante tres años, Krominga disfrutó de un estilo de vida único, combinando la comodidad de un hogar con acceso privilegiado a destinos remotos y exclusivos. Desde cenas privadas en museos como el Hermitage en San Petersburgo hasta charlas con sobrevivientes del b8Sombardeo de Nagasaki. Y es que, cada escala ofrecía vivencias imposibles de imaginar para el resto de los mortales.

La vida a bordo mantenía un aire de discreción y lujo: restaurantes de alta gastronomía con servicio personalizado y actividades tan variadas como karaoke, tenis o noches durmiendo al aire libre bajo las estrellas. Expediciones lideradas por expertos de National Geographic llevaron a Krominga a lugares como Madagascar, Groenlandia e incluso la Antártida.

El viaje también tuvo algunos momentos de tensión. En el Mar Rojo, el barco requirió escolta de la Guardia Costera estadounidense tras el lanzamiento de un misil desde Yemen. Y en las costas de Somalia, un equipo armado subió a bordo para prevenir ataques piratas.

Entre sus recuerdos más memorables, Krominga menciona un recorrido de cinco semanas por la Antártida, incluyendo visitas a estaciones científicas y encuentros cercanos con pingüinos. También guarda en sus recuerdos el poder ser recibida calurosamente en Vietnam, donde pudo visitar la prisión conocida como Hanoi Hilton.

Lo poco gusta, lo mucho cansa

Sin embargo, con el tiempo, el ambiente intelectual y explorador que caracterizaba al barco empezó a diluirse. Según relata, las charlas sobre historia y geopolítica dieron paso a actividades más sociales y triviales, como desfiles de moda o charlas vacías. La dinámica cambió, y con ella, su entusiasmo por seguir a bordo.

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Finalmente, Krominga vendió su apartamento a bordo y volvió a Nueva York pero como ella misma dijo: “Los recuerdos quedaron grabados”, consciente de que vivió una etapa irrepetible que le permitió ver el planeta desde una perspectiva privilegiada.

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