Una joven de 30 años revela cuáles son sus ingresos para disipar prejuicios y causa revuelo: “Lo último que necesitas es que te hablen mal”
Las redes sociales se llenan de prejuicios e insultos después de que la joven publicase cuánto recibe con las prestaciones económicas.

En Dinamarca, más de 86.000 personas recibieron prestaciones económicas el pasado mes de julio. Según informa el Ministerio de Empleo, la asistencia económica es un beneficio público para aquellas personas que no puedan mantenerse a sí mismas, como es el caso de Elisabeth Bach.
Esta joven de 30 años ha sido objeto de prejuicios e insultos en las redes sociales después de publicar cuánto gastaba al mes en necesidades básicas y en ocio, como viajes, servicios de sreaming o fitness. Si bien sus gastos se asimilan a los de cualquier mujer de su edad, a sus seguidores no les gustó saber que ella recibía prestaciones públicas.
En el vídeo publicado en su cuenta en la red social de Instagram, la joven mostraba la cantidad aproximada de lo que se gastaba al mes en sanidad, vivienda, comida o en viajes. Según informa el medio danés TV 2 Echo, Elisabeth pretendía “romper el tabú” que según ella existe entre las personas que reciben prestaciones económicas.
Las ayudas no son suficientes para ella
Elisabeth recibe al mes un total de 10.068 coronas danesas, el equivalente a unos 1.348 euros. Según confiesa ella en el medio, esta cantidad no le da para vivir bien en el país y tiene que pedirle prestado a su madre unas 2.000 coronas danesas, 267 euros aproximadamente, de manera mensual.
La asistencia social que está recibiendo Elisabeth, más las prestaciones económicas de su madre, son más bien un problema para ella. Según el medio, la joven había experimentado durante mucho tiendo un sentimiento de culpabilidad por aprovechar ese dinero en su beneficio.
Al sentir que no estaba contribuyendo en la sociedad de manera laboral, cualquier momento feliz en el que tuviera que gastar dinero, ya fuera en una comida o en una fiesta con amigos, le hacía sentirse mal consigo misma. Signe Færch, presidenta de la Asociación Danesa de Trabajadores Sociales, explica que este sentimiento es muy común entre los beneficiarios de prestaciones económicas.
No podía trabajar
A Elisabeth le diagnosticaron TDAH no tratado en su etapa adulta. Los problemas psicológicos que había desarrollado fueron en aumento con el paso de los años, impidiéndole llevar una vida normal y tranquila. La joven de 30 años había probado trabajar en varios establecimientos, como tiendas de ropa, panaderías o cafeterías, pero sus golpes de ansiedad no le permitían continuar mucho tiempo en un mismo oficio.
Ante la imposibilidad de llevar una vida laboral estable, Elisabeth pidió ayuda y desde entonces recibe una prestación económica por parte del Gobierno cada mes. Estte cambio no le impidió seguir compartiendo en redes sociales fotos de sus desayunos y comidas, pero todo cambió el día decidió dar el paso.
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Ella quería romper el tabú colectivo que existe sobre los beneficiarios de prestaciones económicas y publicó sus ingresos mensuales, mostrándose alegre y arreglada. Sin embargo, las reacciones no fueron lo que ella esperó. Las redes sociales explotaron en comentarios despectivos contra ella. A pesar de que algunos de sus seguidores seguían elogiándola por su valentía, muchos optaron por cargar contra ella comentarios como “escoria social vaga”.
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