Sociedad

Una familia dona un terreno agrícola masivo a sus 560 vecinos con sólo un propósito: “Que sea compartido entre todos” 

Un antiguo terreno en desuso se transforma en un espacio comunitario lleno de árboles frutales y zonas de descanso para todos los habitantes.

Campo Melocotones Aitona
Tatsiana Yatsevich (Caftor)
David Cuéllar
Becario de Actualidad en As
Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente estudiante del Máster en Periodismo Multimedia Profesional en la misma institución, su trayectoria académica y profesional está marcada por una pasión por la escritura que le acompaña desde la infancia.
Actualizado a

La familia Éprichard ha donado un campo agrícola en Clussais-la-Pommeraie, un pequeño municipio del oeste de Francia con 560 habitantes, con algunas condiciones: que se convierta en un huerto con variedades específicas de árboles frutales y, lo más importante, que toda la comunidad pueda beneficiarse de él, es decir, que sea un espacio compartido para todos. Para el municipio, esta donación supone un importante compromiso financiero.

Cuando llegó esta propuesta al alcalde, Étienne Fouché, no la aceptó de inmediato, pero tras pensarlo decidió asumir el reto de transformar este campo en desuso en un huerto comunitario con libre acceso. Todo esto se prevé que cueste 10.000 euros.

Son totalmente conscientes de que será un proceso a largo plazo: “Ahora los dejaremos crecer, vigilaremos las enfermedades, cuidaremos el suelo, y luego la gente vendrá a recoger sus propias manzanas para hacer mermelada o comerlas en rebanadas”, comenta el alcalde. El huerto también será un lugar para quedarse durante el día: “Habrá una zona de relax, y espero que la gente respete este lugar”, añade.

Cincuenta árboles frutales

Ya está en marcha el proyecto, que cuenta con unos cincuenta árboles frutales alineados donde antes solo había vacío. Tienen la intención de que dentro de un año sean casi cien, acompañados de flores, árboles floridos y un seto campestre que proteja y dé forma al lugar.

Aunque el espacio ya empieza a verse un poco más definido, este huerto exigirá bastante tiempo, dado que se necesitarán unos cuatro años antes de que se puedan obtener las primeras cosechas.

A pesar de esto, los vecinos se encuentran muy ilusionados: “Es un placer poder compartir esto con todos los vecinos del pueblo”, ha dicho uno de los habitantes. “Es agradable poder hacer mermelada de vez en cuando y tener fruta directamente del árbol”, añadió.

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La familia Éprichard ha comentado que esto “es una donación al municipio de nuestra infancia”. Como muestra de agradecimiento por esta donación, han querido instalar una placa con su nombre en el huerto.

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