Un jubilado se libra de su inquilino moroso y se topa con un ‘regalo de Navidad’ de 25 euros diarios: “Nos prohíben el acceso”
Los propietarios encontraron un acuario repleto de peces tropicales dentro de la vivienda y la ley francesa les obliga a alimentarlos.

Un jubilado de Narbona (Francia), Francesco Corbacho, ha recuperado su vivienda tras el desahucio de su inquilino moroso, pero se ha encontrado con un problema inesperado: un acuario de grandes dimensiones repleto de peces tropicales cuyo mantenimiento le cuesta alrededor de 25 euros al día.
La deuda acumulada del inquilino superaba los 22.000 euros, motivo por el que se inició un proceso judicial que terminó el 24 de octubre de 2025 con su expulsión definitiva de la vivienda.
Al entrar por primera vez en la casa, los propietarios descubrieron muebles abandonados, suciedad y un enorme acuario tropical todavía en funcionamiento.
Según declararon a La Dépêche du Midi: “Tan pronto como nos dimos cuenta, realizamos una declaración formal de abandono de animales. A pesar de haber ganado el juicio, el acceso a nuestra casa nos está prohibido durante un periodo de dos meses”.
El acuario dispara los gastos del propietario
La ley francesa establece que cuando se expulsa a un inquilino y quedan animales en el interior, estos deben mantenerse con vida durante los dos meses posteriores a la expulsión. Solo un alguacil puede entrar a la vivienda para alimentar a los peces, con un coste de 55 euros cada dos días, lo que equivale a unos 25–28 euros diarios, que debe asumir el propietario.
Los dueños también han indicado que su hija, Marie Corbacho, ha lanzado un llamamiento a asociaciones de acuariofilia y particulares para que se hagan cargo de los peces si nadie más puede ocuparse de ellos, con el fin de garantizar el bienestar de los animales. Mientras tanto, el dueño del acuario no responde y si no lo reclama, le será devuelto a los propietarios de la vivienda, un regalo de navidad “envenenado”.
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Durante este tiempo, los propietarios deben seguir pagando por la alimentación de los peces y no pueden entrar a limpiar, retirar el acuario ni realizar reparaciones en la vivienda. La situación ha llamado la atención de la localidad, tanto por la deuda acumulada del inquilino como por el coste inesperado de mantener el acuario gigante.
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