Un jubilado madrileño de 77 años pasa de ganar 850 euros de pensión a facturar 3.500
Apostó todo su dinero en la compra de una nueva maquinaria pesada y el resultado fue un aumento evidente de sus ingresos mensuales.

Ángel fue uno de los trabajadores afectados por la crisis de 2008. El antiguo electricista se vio a sus 60 años de edad en el paro y no vio otra salida que solicitar la jubilación anticipada. De acuerdo a la normativa, aquellos trabajadores que solicitan este tipo de paro pueden recibir un beneficio económico de un valor equivalente a su salario mensual, pero con reducciones. Estas reducciones dependen del número de meses que falten para llegar a la edad de jubilación correspondiente en valor al tiempo de cotización.
En el caso de Ángel, según informa Telemadrid, su pensión pasó a ser de tan solo 850 euros mensuales, una cantidad que no le permitía sobrevivir en la capital española. Su apartamento de alquiler costaba un total de 840 euros, lo que le obligaba a destinar la mayor parte de su pensión en la vivienda. Ante esta situación, el madrileño optó por la jubilación activa, una modalidad de jubilación que ofrece la Ley General de la Seguridad Social (LGSS) con la que el contribuyente continúa trabajando al tiempo que recibe un porcentaje de la pensión que le corresponde.
Una vez solicitada la jubilación activa, Ángel solo tenía que encontrar un trabajo, pero no iba a ser fácil. A sus 60 años nadie parecía estar interesado en contratarlo, por ello él se buscó su propio empleo. Apostó por la adquisición de una nueva excavadora, una maquinaria de la que poco conocía y por la que terminó con una deuda de 60.000 euros, según informa 20 minutos. Sin embargo, no todo era nuevo para el electricista, él se había criado en el campo con su familia y conocía cómo manejar el suelo.
“Me subí y me puse a trabajar”
El mundo de la excavación le abrió las puertas a Ángel, quien a sus 77 años factura hasta 3.500 euros al mes. “He tenido que coger ese tipo de trabajo porque no tenía otro para poder subsistir”, asegura el madrileño a la hora de hablar sobre la adquisición de la excavadora. “Nadie me enseñó a manejar esa máquina, la compré, me subí y me puse a trabajar”, explica él.
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Gracias a las enseñanzas de su padre en el campo, Ángel fue capaz de entender cómo funcionaba la tierra y solo necesitó aprender a manejar la excavadora. "Mi padre era ganadero y yo me he criado con ganado. Ayudaba en casa con mis hermanos a tirar para adelante”, recuerda Ángel. Tardó un tiempo en acostumbrarse a dominar maquinaria pesada, pero el resultado le permite a día de hoy permitirse pagar el alquiler y llevar una vida tranquila.
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