Sociedad

Sus soñadas vacaciones en Tailandia se vuelven en una pesadilla gracias a una elaborada trampa de su expareja

La venganza de las exparejas no sólo se sirven frías, sino que pueden cruzar fronteras: 10 horas detenido, deportación forzosa, y una multa de 3.000 euros para el afectado.

Thailand, Krabi province, Railay beach, Hat Tham Phra Nang beach
Tuul & Bruno Morandi
Actualizado a

Lo que prometía ser un idílico viaje a Tailandia terminó en pesadilla para William, un turista escocés que fue detenido en el aeropuerto de Phuket y deportado a su país tras descubrirse que su pasaporte había sido denunciado como robado. Lo que parecía un error burocrático resultó ser un acto de venganza cuidadosamente planeado por su expareja.

La mujer, según reveló el tribunal, había denunciado el pasaporte como robado, motivada por la rabia de que William se fuera de vacaciones tras haberla dejado (junto con sus hijos, según se insinúa). El resultado: diez horas en detención, deportación forzosa, una multa y un coste total de casi 3.000 euros para el afectado.

La historia, más allá de su tono tragicómico, revela una verdad incómoda: el odio humano puede ser tan persistente como el amor, y a veces más creativo. Las exparejas, con una carga emocional no resuelta, pueden convertirse en actores inesperados de nuestras vidas incluso cuando creemos haber pasado página.

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En este caso, la justicia fue indulgente con la mujer, imponiéndole solo trabajo comunitario y una indemnización simbólica de 575 euros. Pero el daño ya estaba hecho. Como recordatorio, queda una lección amarga: el rencor no necesita pasaporte para cruzar fronteras.

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