Psicología

Si todos los días haces la cama por la mañana, la psicología dice que tienes estos 7 rasgos comunes

El mundo se puede empezar a conquistar haciendo la cama, la primera pequeña tarea del día que te enfrentará al resto de retos diarios.

Charming beautiful couple in love making the bed together and having fun.
dusanpetkovic
Laura Martin Sanjuan
Redactora de Actualidad
Cosecha del 81. Licenciada en Periodismo. Desde 2017 en Diario AS. Si hay un directo, estará tecleando. Sino, estará buscando una entrevista, un destino por descubrir o un personaje al que conocer.
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Ya te contamos qué características tenían las personas que no hacían la cama por la mañana. Ahora te vamos a contar qqué ocurre con las personas opuestas, las que no pueden salir de la habitación sin dejarlo todo recogido, y para las que es un sacrilegio cerrar la puerta de casa y que la cama se quede revuelta.

Para alguien como William H. McRaven, almirante de los Navy SEALS que ha servido a Estados Unidos durante 37 años, y que utilizó ese ejemplo de hacer la cama a diario en el discurso de una de las promociones de la Universidad de Texas, es una manera de preparar a la mente para los retos a los que cada uno nos enfrentamos a lo largo del día.

“Hacer la cama todas las mañanas supone completar con éxito la primera tarea del día. Ese gesto tan sencillo os dará una pequeña razón para sentiros orgullosos, y afrontar la siguiente tarea del día, y la siguiente... Al final del día, esa primera pequeña tarea se habrá convertido en muchas tareas completadas. Hacer la cama también es una forma de recordar la importancia que tienen los pequeños detalles en la vida. Si no sois capaces de hacer bien las pequeñas cosas, tampoco seréis capaces de hacer bien las grandes. Por otra parte, si vuestro día ha sido horrible, al menos, cuando volváis a la cama, la encontraréis hecha con la promesa de que mañana será mejor. Si queréis cambiar el mundo, empezad haciendo la cama”.

Los 7 rasgos de las personas que hacen la cama a diario

Para muchos es una hazaña, ya que hacer la cama sin que nadie te mire, sin visitas que lleguen a casa, sin que te den likes o compartan tu tarea, se convierte en mucho más que un gesto. Es una declaración de intenciones. Quienes hacen la cama a diario son muy conscientes de las obligaciones, de las tareas diarias, y hacen lo que tienen que hacer. Hacer la cama demuestra estructura.

Quienes hacen la cama a diario han sido entrenados en la autodisciplina, esa que no se anuncia, simplemente aparece cuando nadie te ve, cuando estás medio despierto y cuando tu cerebro ya está intentando negociar: “Podemos hacerlo más tarde”. Se trata de una de esas responsabilidades invisibles que suelen aparecer en el mismo tono emocional que hacer la cama. Son ligeramente molestas, fáciles de retrasar y fáciles de justificar si nos lo saltamos. Pero, aún así, la hacen.

Para otros, es una muestra de respeto y orgullo. Es un nivel de exigencia individual, una manera de decir estas son mis normas, y se cumplen.

Quien hace la cama se preocupa por el futuro. Tu yo de ahora, el que hace la cama, está pensando en el que vendrá después y se lo encontrará todo perfectamente estructurado, estirado, ordenado. Este gesto les permite sentir que todo está bajo control, aunque nada lo esté. Pero esa pequeña parcela, sí. Hacer la cama es uno de esos pequeños rituales que pueden hacerte sentir que todo está bien: es predecible, rápido, físico y te da una señal visual clara de que el día ha comenzado.

Los psicólogos dicen que la ‘autoseñalización’ también surge cuando se hace la cama a diario, y te gusta y lo ves necesario, lo necesitas. Ese gesto cuenta quién eres. Si afirmas que eres “confiable”, tendrás más probabilidades de pagar las facturas a tiempo. Si tu identidad es “soy consciente de la salud”, es más probable que prepares tus comidas de manera beneficiosa para tu organismo. Si afirmas que hacer la cama lo que consigue es que transmitas que “mantengo mi espacio decente”, es más probable que hagas las pequeñas tareas que nadie ve. Un pequeño gesto que calma el ruido de la cabeza.

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Y ese calma hace que nos lleve al último punto: respeto por lo invisible. Esa tarea es sólo importante para ti, para nadie más, pero que dice mucho sobre cómo afrontas otras situaciones: acordarte de cumpleaños, preguntar a la familia, a los amigos, recordar quién no ha venido hoy y preguntar... Gestos que sólo te dan paz a ti, a nadie más, y que tú valoras, necesitas y aprecias.

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