Paul, el hombre de 104 años que lleva jubilado desde 1975 tras un despido forzoso: “He tenido suerte toda mi vida”
El jubilado francés fue capturado y encarcelado en Alemania en 1944 y sobrevivió a un infarto en 1995. “Se necesita suerte para llegar a los 100 años”.

Paul Petit nació en el año 1921 y, una vez entrado en el mundo laboral, dedicó su vida a trabajar como obrero en las forjas de la localidad francesa de Champagnole. Hasta que, un día, le comunicaron su repentino despido cuando le quedaban solo cinco meses para jubilarse, en el año 1975. “Pude recibir las indemnizaciones por despido y llegar al momento de recibir la pensión”, asegura a Le Progrès.
La fábrica en la que trabajaba, de capa caída, estaba a punto de cerrar de forma definitiva. La decisión de la empresa le conllevó una indemnización por despido, además de dar inicio a una jubilación que se mantiene hoy en día, a los 104 años. Esto es, más de medio siglo jubilado.
Su vida, sin embargo, no fue del todo fácil. Tras unirse a la Résistance y ser encarcelado en Alemania en el año 1944, soportó la Segunda Guerra Mundial, el hambre y el cautiverio. “En 1942, moríamos de hambre, y menos mal que podíamos trabajar en la huerta. Eso sí que me quitó las ganas de comer espinacas”. Dos años más tarde, escapó por poco de una bala de las SS.
Fue finalmente liberado por las tropas estadounidenses después de estar cuatro días sin comer, y tras ello se volvió a unir a la lucha antes del final de la guerra. “Fuimos liberados por los estadounidenses, que nos recuperaron bastante bien. Nos prometieron la cruz de guerra, pero no recibimos nada”. La suerte, asegura, no le ha abandonado.
Un ejemplo en su localidad
Actualmente vive en Ney, una pequeña comuna de la región de Borgoña-Franco Condado, donde es el residente de mayor edad. A sus 104 es capaz de vivir su día a día de forma independiente, haciendo sus comidas y acudiendo al mercado semanal. En el año 1995 sobrevivió a un infarto, gracias a la rápida reacción de su hijo. “Me encontró y me administró un cubo de agua fría. Eso provocó un electrochoque”.
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“Se necesita mucha suerte para llegar a los 100 años, yo la ha tenido, eso es todo”, asegura. Desde que cumpliera el centenar de años, las visitas a su casa de los vecinos y del alcalde son algo habitual. Es todo un símbolo viviente del pueblo, un reflejo de su independencia y tenacidad.
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