Ni ropa ni tecnología: este es el autorregalo favorito para celebrar los días buenos
Pedir una comida para llevar es el capricho preferido, independientemente de si las personas han tenido un buen o mal día en el trabajo, y preocupa a los médicos.

Según un nuevo estudio publicado en Frontiers in Psychology, se revela una tendencia clara y universal: pedimos comida para llevar tanto en los días buenos como en los malos, convirtiéndose en el autorregalo preferido para celebrar, compensar o simplemente gestionar el estrés emocional de la jornada.
Los investigadores, dirigidos por las doctoras Suzanna Forwood y Annelie Harvey de la Universidad Anglia Ruskin (Reino Unido), estudiaron cómo 280 participantes elegían recompensarse (o consolarse) cuando imaginaban un día excelente, un día malo o un día normal en el trabajo. La conclusión fue contundente: la comida para llevar es el único capricho que responde a ambas motivaciones, tanto premiarse como buscar consuelo.
La psicología detrás del autorregalo
El autorregalo es un acto de indulgencia consciente, una forma de autocuidado emocional que responde a una necesidad psicológica: la búsqueda de bienestar inmediato. De hecho, el estudio confirma que, tras un mal día, aumenta significativamente la probabilidad de recurrir a opciones como chocolate, alcohol, baños de burbujas o comida para llevar.
Esto se explica porque, en situaciones de estrés o frustración, el cerebro busca estímulos que generen dopamina, el neurotransmisor del placer y la recompensa. La comida rica en grasa, azúcar o sal activa con fuerza ese circuito de gratificación. Pero no es saludable.
Pero lo interesante es que, incluso tras un día bueno, el mecanismo es el mismo: el cerebro también busca reforzar el estado emocional positivo. Por eso pedir comida para llevar aparece como un premio transversal.
La recompensa física y emocional
La noticia señala un punto clave que preocupa a los médicos: estos autorregalos basados en comida suelen ser menos saludables que cocinar en casa y pueden elevar la ingesta calórica, sal, azúcar y alcohol. Es decir, la recompensa emocional inmediata puede generar un coste físico a medio plazo, afectando directamente a la salud alimentaria. En términos fisiológicos, esto implica:
- Aumento de peso y riesgo metabólico.
- Peor regulación del azúcar en sangre.
- Incremento de la inflamación y desequilibrios digestivos.
La psicología lo interpreta como un fenómeno de coping emocional: ante picos de emoción (positivos o negativos) buscamos un regulador externo. Y la comida rápida es un modulador potente, accesible y con efecto inmediato en el estado de ánimo.
Por qué no nos “premiamos” con otras cosas
El estudio comparó también otros posibles autorregalos:
- Compras online
- Baños de burbujas
- Chocolate
- Alcohol
Un hallazgo curioso fue que las compras online ya no se perciben como un placer, sino como algo rutinario: los participantes las eligieron igual tanto si tenían un día bueno, malo o neutro. Esto sugiere que la digitalización ha “normalizado” el consumo online hasta despojarlo de su valor emocional.
Bienestar y salud pública: un equilibrio pendiente
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La investigación tiene implicaciones directas para la salud pública: si el autorregalo emocional está centrado en alimentos ultraprocesados o bebidas alcohólicas, el mecanismo psicológico que debería cuidarnos termina perjudicando el bienestar físico. Los expertos recuerdan que un autorregalo no tiene por qué ser dañino. De hecho, opciones como actividad física, lectura o música, un baño relajante o una experiencia sensorial agradable, tienen efectos beneficiosos tanto para la mente como para el cuerpo. El reto está en educar emocionalmente para que la búsqueda de bienestar no derive en hábitos que nos deterioren.
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