Ni Reino Unido ni Islandia: el país de la UE que paga 84.000 euros para vivir en una de sus islas
Las islas de este país llevan años perdiendo habitantes. Ahora buscan atraer nuevos vecinos para frenar el abandono con esta subvención.


Un país europeo ha puesto en marcha un ambicioso programa para recuperar la vida en sus islas, marcadas por años de aislamiento y despoblación. La iniciativa contempla subvenciones de hasta 84.000 euros para quienes decidan mudarse y rehabilitar viviendas antiguas como parte de un plan estatal de revitalización comunitaria. El país en cuestión es Irlanda.
Lejos de tratarse de un simple incentivo por trasladarse, el proyecto constituye una política integral orientada a la regeneración social y urbanística. Las ayudas se destinan exclusivamente a la rehabilitación de inmuebles construidos antes de 1993 que lleven al menos dos años vacíos, y no pueden emplearse para mobiliario ni para convertir la vivienda en un alojamiento turístico.
El programa está abierto tanto a ciudadanos de la Unión Europea como a personas de terceros países. En este último caso, los solicitantes deben cumplir los requisitos migratorios habituales, ya que el plan no ofrece ventajas en materia de residencia o nacionalidad. El perfil ideal suele ser el de profesionales que puedan teletrabajar o personas con un proyecto vital estable y de largo recorrido.
Compromiso de permanencia
La permanencia mínima es uno de los pilares del plan. La vivienda rehabilitada debe convertirse en residencia principal o destinarse a alquiler de larga duración durante al menos diez años. Quienes no cumplan este requisito se arriesgan a tener que devolver parte o la totalidad de la ayuda, lo que garantiza un compromiso real con las comunidades insulares.
Aunque la cuantía económica resulte atractiva, las autoridades insisten en que la vida en estas islas plantea desafíos. El clima es exigente, los servicios son limitados y la conectividad con tierra firme depende en ocasiones de las mareas. Sin embargo, para quienes buscan tranquilidad, naturaleza y un ritmo de vida más pausado, estos enclaves ofrecen una alternativa difícil de encontrar en el continente.
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Entre los residentes locales, la medida despierta un optimismo prudente. La llegada de nuevos vecinos podría reactivar escuelas, pequeños comercios y asociaciones comunitarias, además de contribuir a preservar la identidad cultural y lingüística, especialmente en las zonas de tradición gaélica. El objetivo del país no es atraer visitantes temporales, sino nuevos habitantes que se integren plenamente en la vida insular.
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