Ni Oporto ni Lisboa: la joya portuguesa escondida
El tiempo se detiene entre acantilados salvajes, pueblos blancos, sabores que cuentan historias, y rutas de senderismo con el horizonte salvaje del Atlántico en el Alentejo.


Portugal guarda un secreto entre el bullicio de Lisboa y el encanto cosmopolita de Oporto: el Alentejo. Una región que invita a vivir despacio, a saborear cada instante y a recorrer paisajes donde la naturaleza dicta el ritmo. Aquí, el concepto de slow travel no es tendencia: es tradición. El Alentejo se despliega como un lienzo de contrastes: playas vírgenes (la playa ‘privada’ de Herdade do Touril, a la que se baja con una cuerda, es realmente única; un lugar escondido, poco conocido y al que merece la pena llegar y desaparecer durante horas); acantilados que desafían al Atlántico y senderos que parecen trazados para la contemplación. Sí, todo junto.

- Parque Natural del Sudoeste Alentejano y Costa Vicentina: más de 100 km de costa salvaje, donde el océano golpea rocas negras y arenas doradas. Recorrer la zona con un guía te hará ver todo de otra manera. Turistas internacionales en invierno y en otoño serán tus compañeros. En verano, uffff mejor no acercarte.
- Rota Vicentina: senderos como el Fisherman’s Trail permiten caminar junto al mar, descubrir calas secretas y sentir el viento como compañero de viaje. Siguen existiendo playas secretas, siguen existiendo restaurantes de cocina de verdad. Sigues pudiendo escuchar historias en cada ruta.
- Playas icónicas: Praia do Cavaleiro, con sus acantilados dramáticos, y Odeceixe, donde el río Mira se funde con el océano en una postal inolvidable. Es uno de los lugares más impresionantes, más evocadores y donde sentirás que se para el tiempo. Observar el atardecer con la mochila a tus pies, y descansando, merecerá la pena. Si te pilla una ruta con lluvia, descansa.

Pueblos que laten despacio
Vila Nova de Milfontes: La “Princesa del Alentejo” se asienta en la desembocadura del río Mira. Sus calles empedradas, casas encaladas y el Forte de São Clemente evocan historias marineras. Aquí, el tiempo se mide en paseos junto al río y cenas con pescado fresco. Dicen que los piratas tenían en este punto un objetivo claro. Y se entiende.
Zambujeira do Mar: Un balcón sobre el Atlántico. Menos de mil habitantes y un mirador que regala atardeceres imposibles. Desde la capilla de Nossa Senhora do Mar, el horizonte se tiñe de oro mientras las olas rompen contra los acantilados. Magia en estado puro.
Porto Covo. Pequeño, íntimo y pintoresco. Sus calas escondidas y la Praia da Samoqueira son refugio para quienes buscan silencio y belleza sin artificios.

El lugar más especial: un faro y un campo de fútbol
En la Costa Vicentina del Alentejo, frente a escarpados acantilados bañados por el Atlántico, se encuentra el singular Faro do Cabo Sardão, un faro pintoresco que destaca por su entorno inusual: un campo de fútbol junto al precipicio. Parece de mentira, pero es verdad. Está situado cerca de Odemira, dentro del Parque Natural del Sudoeste Alentejano, el faro domina un paisaje agreste en el que el mar choca con rocas y formaciones costeras espectaculares.
Contiguo al faro, existe un campo de fútbol de tierra, de los de antes, con líneas que no son rectas, pero que están presentes. Literalmente colgado sobre el acantilado, apenas separado por un sendero. Esta ubicación, tan inusual como fotogénica, te permite soñar. Eso sí, cuidado con lanzar el balón fuera. No podrás volver a cogerlo.

Gastronomía: el alma del Alentejo
- Açorda alentejana: sopa de pan, ajo, cilantro y huevo, tan humilde como reconfortante.
- Migas alentejanas: pan frito con ajo y cerdo ibérico, un festín rural.
- Porco preto: cerdo negro criado en libertad, símbolo de autenticidad.
- Postres conventuales como la sericaia con ciruelas de Elvas. Todo regado con vinos de talha, herencia romana que aún se guarda en tinajas de barro.
- Vinos, todos. Pero todos.
- Dos restaurantes para no perderte, Tasca do Celso, en Vila Nova de Milfontes, cerca de la chimenea, para ver bien la bodega. Y Manjedoura, también allí, para recuperar tras una buena ruta.

Por qué elegir el Alentejo
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Porque aquí no hay relojes, solo horizontes. Porque cada comida es un ritual y cada paisaje, una invitación a la calma. Porque en tiempos de prisa, el Alentejo es resistencia: la belleza de vivir despacio. Porque llegas en dos horas desde el aeropuerto de Lisboa. Porque puedes descubrir la gastronomía local a precio local. Porque los vecinos siguen dando la bienvenida al viajero, porque encontrarás historias de senderistas de las que aprender. Eso, sigue existiendo en este lugar.
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