Misiles con agua y generales borrados: Xi Jinping copia a Stalin en la mayor purga en la cúpula del ejército chino
China vive una purga sangrienta que se ha llevado por delante a más de 170 altos mandos de su cúpula militar en tiempo récord y que ha alcanzado un ritmo frenético en este invierno de 2026. Hoy, en los cuarteles de Pekín, el miedo al dictador es ya mayor que el miedo a la guerra.


Es fácil imaginar la cara de Xi Jinping aquel día de 2023. Estás sentado en tu despacho de Zhongnanhai, rodeado de mapas de Taiwán y gráficos de crecimiento, y entra un oficial de inteligencia con un informe que te hiela la sangre. En sus páginas, que meses después filtraría Bloomberg citando fuentes de la inteligencia estadounidense, decía algo que ningún líder quiere oír: tus misiles nucleares, esos que debían aterrorizar al mundo, eran jarrones llenos de agua.
Alguien, en algún lugar de la Fuerza de Cohetes (PLARF), decidió que el combustible para misiles era un lujo innecesario. Era mejor venderlo en el mercado negro, hacerse rico, y rellenar los depósitos con agua del grifo para que el peso cuadrara en las inspecciones.
La investigación posterior, de la que se hizo eco Bloomberg y el Wall Street Journal, reveló un cáncer sistémico. No era solo el combustible: el 40% de los misiles balísticos DF-41, la joya de la corona nuclear de China, tenían fallos críticos en sus sistemas de guía. Habían sustituido microchips de grado militar por versiones civiles baratas. El resto del dinero se fue a los bolsillos de los generales.
Aquel fue el día en que Xi Jinping comprendió que no tenía un ejército; tenía un decorado de cartón piedra. Y desde ese momento, hace ya casi tres años, el ejército chino vive en un estado de purga permanente que no deja de cobrarse piezas.

2023: El año en que el combustible se volvió líquido cristalino
Lo de los misiles fue solo la punta del iceberg de un 2023 catastrófico. La inteligencia de EE. UU. confirmó que en el oeste de China hay campos enteros de silos de misiles balísticos cuyas compuertas no funcionan. ¿El motivo? Corrupción en el acero. Las tapas se soldaron mal o con materiales de tercera para que los generales pudieran engrosar su chequera.
Xi fulminó a la cúpula entera de la Fuerza de Cohetes. Cayeron el comandante Li Yuchao y su adjunto Liu Guangbin. Desaparecieron de un día para otro. También cayó el general Wei Fenghe, exministro de Defensa y figura clave. Simplemente, dejaron de existir en la foto oficial.
Fue el inicio de un efecto dominó que se llevó por delante a Li Shangfu, el siguiente ministro de Defensa. Un tipo que venía del sector aeroespacial y que, según el Wall Street Journal, fue investigado por compras de equipos militares que nunca llegaron o que eran chatarra pintada de gris. Xi descubrió que la modernización que le habían vendido era una estafa piramidal.
Y para culminar el desastre, Qin Gang, ministro de Exteriores, fue degradado a un puesto administrativo de bajísimo nivel. La versión oficial susurraba un lío de faldas con una periodista en EE. UU. Pero la realidad podría ser mucho más grave para China: Qin Gang podría haber ayudado a filtrar secretos de la Fuerza de Cohetes a Washington.

2026: La estalinización total y la debacle de la Armada
Lo sucedido en 2023 solo fue el prólogo. En estas primeras semanas de 2026, la lucha contra la corrupción en el ejército se ha convertido en una purga de lealtad absoluta.
Estamos viviendo la ‘Estalinización’ del ejército chino.
Xi Jinping ha copiado el manual de Stalin en 1937, que ejecutó a sus mejores mariscales porque prefería un ejército ciego y obediente que uno inteligente y capaz de cuestionarlo. Xi está en esa fase. Tras casi tres años de limpieza, ya no solo busca a los que roban; busca a los que dudan.
En los últimos meses, el fuego ha llegado a la Armada. Xi quiere ser el dueño del Pacífico y el Índico, pero se ha encontrado con que sus barcos tienen el mismo problema que sus misiles: el acero no es acero y el titanio es pintura. Se han detectado piezas críticas en los sistemas de propulsión fabricadas con materiales de baja calidad para quedarse con el sobrecoste. El foco del desastre es el Fujian, el tercer portaaviones chino y su gran apuesta tecnológica. En las pruebas de mar de finales de 2025, sus catapultas electromagnéticas, la tecnología que debía igualarlos a los americanos, fallaron estrepitosamente. ¿El motivo? Posible corrupción en la cadena de suministro de los condensadores eléctricos.
Xi ha comprendido que, en una batalla real, sus barcos podrían partirse por la mitad al primer impacto de un torpedo porque alguien decidió que el blindaje era un buen lugar para hacerse rico. En las últimas semanas, la purga ha arrasado con la cúpula de los astilleros de Jiangnan y Dalian, donde se suponía que China intentaba desesperadamente superar la tecnología estadounidense de la clase Gerald R. Ford, y se construyen los nuevos portaaviones y destructores Tipo 055. Se habla de más de 20 almirantes y altos cargos de logística naval, incluyendo figuras vinculadas a la China State Shipbuilding Corp, que han pasado de la cubierta al calabozo en un abrir y cerrar de ojos.
Fuentes del South China Morning Post, y analistas que vigilan los movimientos en Pekín, confirman que la lista de altos mandos purgados supera ya los 170 nombres. En este arranque de 2026, la paranoia es tal que incluso están cayendo generales que habían sido ascendidos por el propio Xi. Es la revolución devorando a sus propios hijos.

El cazador de derrotistas
Las purgas de estas últimas semanas de 2026 tienen un trasfondo político: Xi está cazando derrotistas. Según fuentes de inteligencia que logran sacar información de Pekín, hay un grupo de generales que, tras ver el desastre de los misiles de agua y los fallos en la Armada, han empezado a susurrar que China no está lista para una operación a gran escala en Taiwán.
No es que no sean patriotas; son profesionales que temen que, con el equipo actual, una invasión podría fracasar frente a la tecnología de EE. UU. Xi no tolera esa duda. Para él, un general que dice “no podemos” es un traidor. Por eso la purga se ha extendido al Estado Mayor Conjunto. No los echa por robar, que también, los echa porque tienen miedo a perder una guerra contra una isla minúscula protegida por el Tío Sam. Xi prefiere un ejército que camine hacia el precipicio con una sonrisa que uno que le diga la verdad. Y, sobre todo, que en ningún caso pueda poner en duda su liderazgo.
La señal definitiva de que el incendio está llegando al corazón del régimen es Dong Jun. El Ministro de Defensa que sustituyó al purgado Li Shangfu hace apenas dos años lleva ya dos semanas desaparecido de la agenda pública. Silencio absoluto. Mientras tanto, tres generales de la Academia de Ciencias Militares, los cerebros de la estrategia, han sido sustituidos por comisarios políticos. La invasión de Taiwán ya no es un plan militar; es una apuesta política.

El paradigma del miedo: un ejército que no sabe disparar
El cambio de paradigma es brutal. Durante una década, el mundo tembló ante la “modernización” china. Pensábamos que sus portaaviones y sus misiles hipersónicos eran el fin del dominio occidental. Pero lo que trasciende en 2026 es parálisis interna.
Xi Jinping ha conseguido algo que los portaaviones de EE. UU. no podrían hacer: ha decapitado la iniciativa de sus propios mandos. Hoy, un general chino tiene más miedo de una inspección de disciplina del Partido, o a la revisión de sus cuentas bancarias, que de un misil enemigo. Nadie toma decisiones. Nadie se atreve a decir que algo no funciona. El miedo ha sustituido a la estrategia.
La purga de 2026 es el aviso definitivo: el Dragón está listo para morder, pero puede que, cuando lo haga, se le caigan los dientes.
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