Mark Gottlieb, abogado de salud pública: “Algunas autoridades sanitarias mienten al decir que vapear es igual que fumar”
Según una nueva investigación de Science Line, vapear es menos dañino; los científicos creen que los mensajes de salud pública contra el vapeo han fallado a los fumadores actuales.


Un artículo reciente publicado por Science Line examina una de las grandes paradojas actuales de la salud pública: aunque existe un consenso científico amplio en que el vapeo (sin ser inocuo) es significativamente menos perjudicial que fumar, millones de fumadores adultos siguen creyendo que ambos riesgos son equivalentes. Este desfase entre evidencia y percepción está teniendo, según los expertos, un impacto directo en la salud de quienes no consiguen abandonar el tabaco.
Los investigadores señalan que esta confusión no es accidental. Durante más de una década, muchas autoridades sanitarias han centrado su comunicación casi exclusivamente en frenar el uso de cigarrillos electrónicos entre menores. Para ello han recurrido a mensajes contundentes y a menudo poco matizados, que han logrado reducir parte del consumo juvenil, pero han generado un efecto secundario: trasladar al público adulto la idea errónea de que vapear es igual (o incluso más peligroso) que fumar.
Sin embargo, el daño del tabaco proviene fundamentalmente de la combustión, responsable de la inhalación de miles de sustancias tóxicas y carcinógenas. Al no existir combustión en los dispositivos de vapeo, la exposición a estos compuestos se reduce de manera drástica. Por ello, múltiples revisiones científicas coinciden en que, para fumadores adultos que no pueden abandonar la nicotina por completo, sustituir el cigarrillo convencional por un vaper puede reducir de forma notable los riesgos de cáncer, enfermedad cardiovascular y patologías respiratorias.
La falta de lo que los expertos llaman “conocimiento de categoría”, entender que no todos los productos con nicotina tienen el mismo nivel de riesgo, se ha convertido así en un obstáculo en la reducción del daño asociado al tabaquismo. De hecho, Science Line recoge datos inquietantes: cada vez menos fumadores identifican correctamente que vapear es menos nocivo que fumar, pese a que la evidencia científica es más robusta que nunca.
En este contexto, destaca la reciente revisión publicada en Francia. La Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria (ANSES), tras analizar miles de estudios, reafirmó que aunque el vapeo no está exento de riesgos, es claramente menos peligroso que el tabaco y puede recomendarse como herramienta clave para fumadores adultos cuando otros métodos han fracasado.
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El abogado especializado en salud pública Mark Gottlieb, además de trabajar en investigaciones sobre en el control del tabaco, afirma que también influyó el cambio de postura del gobierno sobre el vapeo. “Algunas autoridades sanitarias de Estados Unidos dieron a entender que vapear es tan perjudicial como fumar. Y eso no es cierto”.
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