Los dos países en mitad del desierto que están importando millones de toneladas de arena cada año: todo es un problema de textura
Estos son los países que más arena demandan para el levantamiento de sus grandes metrópolis, a pesar de estar rodeados de dunas.

Los Emiratos Árabes Unidos consumieron más de seis millones de toneladas de arena en 2023. Un factor peculiar viniendo de un país con dunas de arena a menos de 40 minutos de distancia. Según datos aduaneros corroborados por análisis de expertos, a los Emiratos le sigue Arabia Saudita como gran exportadora de arena para el impulso de su programa Visión 2030. A este punto, el hecho de que dos países rodeados de arena gasten millones de dólares en la exportación de este material resulta, cuanto menos, extraño. Sin embargo, el secreto está en la textura.
La arena que caracteriza las dunas cercanas a ambos países es el resultado de años de arrastre por el desierto. El viento mueve constantemente la arena del desierto, cuyos granos se van descomponiendo con el roce y se vuelven finos, lisos y redondeados. Un grano perfecto para un paseo en camello, pero no para el levantamiento de una ciudad futurista, como pretende hacer Arabia Saudita con su proyecto Visión 2030. Los granos característicos de las dunas del desierto no se adhieren bien entre ellos, lo que impide un buen funcionamiento y estabilización por parte de maquinaria sobre ella, así como la implementación de cemento en hormigón armado para la construcción de infraestructuras.
El resultado es simple: exportar arena de otras zonas, en concreto la proveniente de ríos o canteras. Este tipo de arena angular presenta ciertas irregularidades en su textura y permite la formación de hormigón sólido. En Dubái, las Islas Palm y The Woeld consumieron cientos de miles de toneladas de este material del extrangero. Solo para el Burj Khalifa, considerado el edificio más alto del mundo, se exportó más de 45.700 toneladas de Australia. Para la obtención de vidrio o sílice pura, los países gastan millones de dólares para la exportación de cuarzo de primera calidad, ya que la arena del desierto tampoco vale. Los Emiratos Árabes, por ejemplo, gastan más de 87 millones de dólares al año en sílice.
Alternativas a la arena
De acuerdo con los informes de la ONU, la arena es el segundo recurso más saqueado a nivel mundial, después del agua. En total se mueven alrededor de 50 mil millones de toneladas al año, entre los que se incluyen las exportaciones organizadas por las mafias encargadas de traficar este material desde India o Marruecos. En el pasado, la demanda de arena era mucho menor, pero con la construcción de megaciudades en zonas del Golfo, como Dubái, Abu Dabi o Riad, la reclamación por este material se ha multiplicado.
Entre los principales países exportadores de arena se encuentran Arabia Saudita, Egipto y Bélgica, encargados de la recolecta de toneladas anuales de arenas angulares, siempre y cuando no provenga de la costa local. A pesar de la irregularidad que presenta este tipo de recurso y las grandes cualidades que aporta para el levantamiento de proyectos, como el de Visión 2030 de Arabia Saudita, su extracción podría suponer la erosión de playas y, en consecuencia, sus ecosistemas.
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Desde Arabia Saudí proponen nuevas alternativas para sustituir este recurso. Unas propuestas que pretenden reducir la demanda de arena a nivel mundial y, en consecuencia, reducir la forzosa necesidad que presentan algunos países por el material. Entre las propuestas destaca el uso de materiales reciclados y arena artificial que permitan la composición de hormigón sólido y el levantamiento menos costoso de programas como su Visión Verde 2030.
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