Leonardo Torres-Quevedo, el ingeniero español olvidado que inventó el mando a distancia antes que la televisión
Ideó el Telekino en 1903, un sistema pionero para controlar máquinas sin cables que sentó las bases del control remoto moderno.

Mucho antes de que cambiar de canal desde el sofá fuera algo cotidiano, un ingeniero español ya había imaginado cómo dar órdenes a una máquina sin tocarla. Fue a comienzos del siglo XX cuando Leonardo Torres-Quevedo, matemático, ingeniero e inventor, desarrolló una idea que parecía futurista para su época: el control remoto. Su aportación, clave para la tecnología actual, sigue siendo una de las menos conocidas de la historia de la ingeniería.
En 1903, Torres-Quevedo presentó oficialmente el Telekino, un dispositivo capaz de transmitir órdenes a distancia mediante señales electromagnéticas. A diferencia de los mandos actuales, no era pequeño ni portátil, ocupaba una mesa completa y funcionaba con un sistema de códigos eléctricos. Sin embargo, el principio esencial ya estaba ahí: permitir que una persona controlara un mecanismo sin contacto físico directo.

El propio inventor dejó claro que su objetivo no era el entretenimiento. El Telekino nació como una solución de seguridad. Torres-Quevedo quería evitar que los operadores tuvieran que subirse a dirigibles durante las pruebas, reduciendo así el riesgo de accidentes. Más tarde, el sistema se ensayó con éxito en embarcaciones, demostrando que la idea tenía aplicaciones reales y viables.
Un reconocimiento que llegó demasiado tarde
Pese a su carácter revolucionario, el invento no encontró el respaldo económico ni institucional necesario. La falta de apoyo llevó a Torres-Quevedo a abandonar el desarrollo del Telekino, y su aportación quedó relegada durante décadas. No fue hasta 2007 cuando el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE) reconoció oficialmente el Telekino como uno de los grandes hitos de la historia de la ingeniería, convirtiéndose en el primer invento español en entrar en esa lista.
El nombre del dispositivo resume bien su esencia: procede del griego tele (“a distancia”) y kinein (“mover”). Hoy, uno de sus prototipos se conserva en el Museo Torres-Quevedo de Madrid como testimonio de una mente adelantada a su tiempo.
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Más allá del mando a distancia, el legado de Torres-Quevedo es extraordinario. Fue pionero en aeronáutica, diseñó el primer teleférico para pasajeros, cuyo sistema sigue funcionando en las cataratas del Niágara, y se adelantó a la informática moderna con inventos como El Ajedrecista, considerado el primer juego automático de la historia. Un visionario que, ya en 1901, estaba pensando en el futuro que hoy damos por hecho.
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