Le asignan a esta anciana una casa de 27 metros cuadrados y recurre al ingenio para que parezca más grande
Conny Groot consigue apañarse una vivienda muy pequeña a base de muebles altos y varios espejos.

Conny Groot tiene 68 años y vive en la parte este de Ámsterdam (Países Bajos) en un pequeño piso de 27 metros cuadrados que le asignó hace unos años el Woningnet, el sistema de registro y vivienda social del país. Según explica en Het Parool, dudó aceptar o no la casa, pero se decidió por la ubicación y por su bonita fachada.
“Dudé un instante en aquel momento, porque esta casita, que solicité a través de Woningnet, era, con sus 27 metros cuadrados, mucho más pequeña que donde vivía antes. Era incluso un metro más pequeña que las demás casas de esta calle. Sin embargo, me cautivó al instante el exterior y la historia de este lugar”, señala la señora.
Cuando recibió la vivienda, Groot comenzó a pensar maneras para que el reducido espacio pareciera más amplio. Por ejemplo, compró un sofá cama de Ikea con un buen colchón que abre todas las noches para descansar.
“Un amigo me construyó un mueble de pared con mucho espacio de almacenamiento en compartimentos y cajones. Convertí un antiguo armario chino con patas de una tienda en Westerstraat en un armario. Casi todo en la casa tiene patas altas, lo que crea una sensación de amplitud”, explica Groot.
Y de pronto se le ocurrió la mejor idea para dotar a su casa de amplitud: los espejos. Llenar las paredes de unos cuantos de ellos puede hacer parecer que la casa es más grande y que tiene un fondo mayor. “Puede parecer un poco narcisista, pero es para lograr un efecto visual de amplitud”, indica la señora entre risas.
“También tengo una silla de oficina Gispen, un sillón de estilo Escuela de Ámsterdam de los años 20 y un puf debajo de la mesa de trabajo. Me las arreglo perfectamente así. En lugar de muchos objetos pequeños, opté deliberadamente por unas pocas piezas grandes de mobiliario y obras de arte. Eso hace que parezca más grande”.
Sin embargo, Groot no suele invitar a gente a comer al interior de su casa por ser un lugar pequeño. En su lugar, prefiere organizar almuerzos en el patio trasero que comparte con su vecina. “Todos los vecinos tenemos bancos y mesas afuera que todos pueden usar. Una vecina de la calle se encarga de las plantas y flores, nos ayudamos con los recados y todos los perros y gatos son bienvenidos en casa. Somos una comunidad muy unida”, señala.
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