La psicología tiene una explicación por la que te gusta mirarte en el espejo pero odias verte en las fotos
Existen varios factores que explican por qué nuestro reflejo en el espejo se percibe de una manera distinta a como nos vemos en las fotografías.

Tomarse una foto con unos amigos y comprobar que tu rostro se ve mucho peor en comparación a cómo pensabas que estabas es algo que le pasa a muchas personas. Se trata de una serie de factores psicológicos, fisiológicos e incluso técnicos que nada tienen que ver con que una persona sea más guapa o no.
La belleza es subjetiva, pero entender la belleza que hay en el rostro de uno mismo es importante para tener una buena autoestima. Sin embargo, hay veces en las que las fotografías pueden mostrar una imagen distinta a la que muestra un espejo. En 1977, los psicólogos Theodore Mita, Marshall Dermer y Jeffrey Knight realizaron un experimento donde mostraron a los participantes una fotografía de su propio reflejo y otra “normal”.
Según los resultados publicados en la Revista de Personalidad y Psicología Social, los candidatos para el experimento escogieron las imágenes que mostraban su reflejo. Esto no es casualidad, existen varios factores que afectan a la percepción de uno mismo dependiendo de dónde se esté viendo.
Menos imperfectos
Cuando nos estamos arreglando frente a un espejo vemos a una persona que ya conocemos. Nos miramos la cara desde que nacemos y vamos cambiando y creciendo con ese reflejo. Si bien algunos factores pueden distorsionar nuestra percepción de nuestro rostro cuando nos vemos en fotografías, el más común es en lo qué nos fijamos.
Al mirarnos al espejo, nuestro cerebro se centra en las partes más atractivas del rostro. Se trata de un mecanismo psicológico para mantener una autoimagen positiva y una buena percepción de nosotros mismos. Cuando vemos el mismo rostro en una imagen, el cerebro tiende a fijarse más en los desperfectos. Según un estudio de 2008 publicado en Perception, las personas suelen ver sus rostros reflejados con mayor simetría en comparación, aunque no sea cierto.
El ángulo y la iluminación
El espejo ofrece cierta libertad a la hora de observarnos. Podemos movernos buscando el mejor ángulo que nos favorezca o una pose que resalte nuestros rasgos más atractivos. Esta capacidad de libertad da una falsa sensación que la fotografía no puede satisfacer. En una imagen, nuestro rostro se encuentra estático y muchas veces no conseguimos elegir una pose que nos favorezca.
Según un estudio de 2018 publicado en Frontiers in Psuchology, los rostros en movimientos se perciben mejor porque transmiten emociones y expresiones faciales. También influye el tipo de cámara y la calidad de esta. No todas las fotos reflejan la realidad tal cual y pueden llevar a distorsionar ciertos rasgos.
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Por ejemplo, los objetivos gran angular puede estirar ligeramente los rasgos faciales. Según un estudio de 2016 publicado en JAMA Facial Plastic Surgery, los selfies pueden distorsionar hasta un 30% el rostro en comparación a una fotografía tomada desde una distancia media. La iluminación también afecta, no es lo mismo la luz de un baño o la luz natural que la que sale capturada en una fotografía. En estos últimos casos pueden resaltarse ciertas sombras o partes que de normal no llamarían tanto la atención.
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