La psicología alerta que cada vez más personas de 30 años viven bajo el mismo engaño
Estos patrones de malestar emocional existen en adultos víctimas de una adolescencia cada vez más tardía.

La llegada a la treintena está marcada para muchos por un fuerte sentimiento de desencanto vital. Mientras algunos lamentan haber elegido mal su carrera o su profesión, otros enfrentan la realidad de no haber formado una familia, a pesar de haberla deseado. Un sentimiento de fracaso silencioso se instala al compararse con los demás, especialmente cuando creen que ya es tarde para cambiar de rumbo.
Marttinen asegura que recibe a diario pacientes que comparten este tipo de inquietudes. Lo que más observa no es tanto el arrepentimiento, sino emociones como la vergüenza o la envidia. Muchos de ellos han construido una vida de cara a los demás, manteniendo una apariencia que no coincide con su realidad interna. “Es como si la gente pensara que si mi vida fuera así, sería buena”, explica.
A través de su investigación doctoral, Marttinen ha profundizado en cómo la formación de la identidad afecta al bienestar psicológico. Este proceso, que antes se daba en la adolescencia, ahora se prolonga más tiempo. Muchos adultos de treinta siguen en esa búsqueda de sí mismos.
Este malestar suele acentuarse cuando la identidad ha sido construida sobre indicadores externos: éxito profesional, pareja, hijos, estabilidad económica. En estos casos, la vida que llevan no es un reflejo de lo que realmente desean, sino una identidad prestada. Para Marttinen, muchas personas nunca se han parado a reflexionar sobre lo que realmente les importa.
Redescubrir el sentido y la dirección de nuestra vida
Para empezar a salir de ese pozo emocional, Marttinen recomienda volver a lo esencial. “Sentir como la luz del sol entre las hojas y detenerte con curiosidad a mirarlo”. Identificar pequeñas experiencias permite reconocer hacia dónde vale la pena dirigir el esfuerzo. Cuando algo es realmente valioso, incluso el trabajo más duro se sentirá gratificante.
Aunque tomar nuevas decisiones a esta edad puede parecer difícil, Marttinen insiste en que no es imposible. Reconocer lo que no funcionó puede ser una oportunidad para reorientar la vida. El problema es que muchos sienten que cambiar de carrera o de estilo de vida implica aceptar errores pasados.
La presión social por formar una familia también pesa. Marttinen ha observado que muchas personas se sienten forzadas a buscar pareja rápidamente, como si se tratara de una carrera. Sin embargo, no todos logran cumplir ese objetivo. La infertilidad o la falta de pareja son realidades dolorosas. “Requiere mucho trabajo interior y dolor”, explica, hablando del proceso de aceptar que no todo sucederá como se habían imaginado.
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A pesar de todo, Marttinen ve luz en este fase. Las personas de treinta y tantos años suelen tener una gran capacidad de autorreflexión, lo que les permite tomar decisiones más alineadas con sus verdaderos deseos. Reconocer los propios sentimientos y verbalizar el malestar es, para la psicóloga, un paso crucial
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