La muralla de hormigón que salva a España de la catástrofe: por qué nuestras presas son un seguro de vida al límite
España tiene la mayor red de embalses de Europa, pero sufre cierto abandono estructural: la inversión ha caído un 57%, falta personal y el lodo se come el fondo. ¿Estamos preparados para las DANAs del siglo XXI con muros diseñados hace 60 años?


Granada tiene un coloso que, a ratos, parece un monumento al absurdo. La presa de Rules puede retener 110 hm³, un tesoro líquido diseñado para salvar a la Costa Tropical. Sin embargo, este invierno hemos vuelto a ver una imagen que se escapa a la lógica: la presa soltando agua directamente al mar. Tras 20 años de fotos oficiales y cintas cortadas, siguen faltando las tuberías que lleven esa agua a los agricultores que la miran con desesperación a solo diez kilómetros.
Es el resumen perfecto de nuestro exceso de confianza hídrica: tenemos el músculo del hormigón, pero nos fallan las venas.

Las presas más asombrosas del mundo: una de ellas está en España
España aprendió a guardar el agua desde muy pronto. No fue un capricho. Aquí la lluvia siempre ha sido tacaña o excesiva, pero rara vez puntual. Llenar el mapa de muros no fue un capricho; fue pura supervivencia. Hoy tenemos 2.453 presas en explotación, de las cuales 1.300 son grandes presas. Es la red más grande de Europa. Según la SEPREM, somos el país con más presas por millón de habitantes del mundo. Es nuestra muralla, el arcén que evita que el país se desmonte cuando el cielo decide escupir 5.600 hm³ en solo siete días, como ha pasado la semana pasada.

Sin esos muros, hoy habría muchas más zonas anegadas en barro y tragedia después de las últimas lluvias torrenciales. Con ellos, esas riadas se transforman en ahorros para los meses de sed.
El problema es que nos hemos creído que el seguro de vida es eterno. El país aguanta el envite porque le pusimos freno al agua, pero el sistema está bajo mínimos. La seguridad no es solo cemento, es vigilancia. Y ahí es donde el mapa empieza a temblar. El MITECO tiene 919 presas clasificadas en ‘Categoría A’: infraestructuras donde un fallo significa, directamente, pérdida de vidas humanas. Pero la realidad técnica es aún más cruda. Jesús Contreras, uno de los ingenieros de Caminos con más autoridad en el sector y presidente del Comité de Auscultación de SPANCOLD, lo ha dicho alto y claro: en España hay entre 120 y 130 grandes presas con problemas estructurales serios, y en unas 160 ni siquiera funcionan los desagües de fondo o solo lo hace uno de los dos, la válvula que permite vaciar un embalse en una emergencia. En caso de problemas, sería como pilotar un avión sin tren de aterrizaje: si algo falla, no hay forma de soltar lastre ni margen para rectificar.

Tampoco hay ojos para tantos muros. La Asociación de Vigilantes de Presas (AVP) denuncia un problema estructural: falta de personal. Hay cuencas donde un solo ingeniero debe supervisar decenas de presas envejecidas. La edad media de nuestro parque de embalses supera los 50 años y más de 600 tienen una antigüedad aún mayor. La tecnología ayuda, pero la grieta sutil, el sudor del hormigón, solo lo detecta el ojo humano pegado a la pared.
A la falta de manos se suma el descuido político. La inversión en mantenimiento ha caído un 57% desde los años 2000. SEOPAN avisa de que necesitaríamos 2.500 millones de euros anuales más solo para cumplir con la UE. Estamos gestionando riadas del siglo XXI con presupuestos de supervivencia y márgenes de seguridad proyectados hace seis décadas, para un clima que ya no existe.
Mientras tanto, el lodo hace el resto. Según SPANCOLD, España pierde cada año alrededor de medio punto porcentual de capacidad útil en los embalses por acumulación de sedimentos. Es una erosión silenciosa que convierte nuestros pantanos en ‘valles con pared’. Si a eso le sumas que el calor evapora el agua a un ritmo que asusta, la conclusión es clara: nuestra muralla es cada día un poco más baja.

¿Necesitamos más embalses? El sector sabe que no. Los valles que valían la pena ya están inundados y la UE no va a permitir más hormigón en los ríos. El reto no es levantar muros, sino salvar los que tenemos. BBVA Research habla de una ‘emergencia hídrica estructural’. En el Tajo, los estudios apuntan a fuertes descensos de aportes hacia final de siglo.
La receta es amarga y obliga a cambiar la mentalidad: arreglar las fugas que desangran las redes, modernizar formas de regar que están obsoletas y reutilizar el agua depurada en vez de descartarla como si fuera veneno.
Al final, la red de presas del siglo XX es lo único que nos separa hoy del racionamiento o un posible desastre. Es un seguro de vida que nos ha comprado tiempo, pero que está llegando al límite. Si no invertimos en las venas y en los ojos que cuidan el hormigón, llegará un día en que la muralla no sea suficiente. Y ese día, el cielo no tendrá piedad.
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