La jugada maestra de China para no sucumbir en el desierto: una colosal megaestructura para contener 337.000 km² de arena
La obra de ingeniería ha contribuido a reducir las tormentas de arena y a conseguir germinar plantas en mitad del desierto.

China ha puesto en marcha un ambicioso plan para detener las amenazas del inmenso desierto de Taklamacán, una de las zonas más áridas del mundo. Más allá de estar expuesto a temperaturas extremas, el polvo y las tormentas de arena han amenazado con engullir pueblos enteros durante décadas. Sin embargo, China ha logrado dar un giro de 180º a esta situación gracias a dos elementos: paja y bombas de agua.
El problema de la humedad
Uno de los grandes problemas que genera la gran masa de arena de 337.000 km² es la falta de humedad extrema, lo cual dificulta la vida en la región. El desierto de Taklamacán, también conocido como “mar de muerte”, está encerrado entre dos grandes cordilleras (Tian Shan al norte y Kunlun al sur). Esto genera que cada metro cuadrado reciba solo 5 litros de agua por semana, es decir, el equivalente a una botella pequeña.
La paja, clave para la germinación de las plantas
Así, la paja se destapó como un aliado perfecto para paliar este gran inconveniente. De este modo, el material se distribuye formando un patrón geométrico parecido a un tablero de ajedrez, con cuadrados de unos seis metros de lado. Estas barreras naturales frenan el viento, estabilizan las dunas y ayudan a retener la humedad del suelo durante más tiempo.
Ello aumenta las posibilidades de que una semilla germine en un ambiente hostil al crearse un microclima en el que la humedad se mantiene más tiempo. Además, con el tiempo, la paja se descompone y actúa como fertilizante orgánico.
200.000 árboles regados en pleno desierto
Pero plantar árboles en el desierto requiere agua. Por eso, China ha instalado 86 estaciones de bombeo solar a lo largo de 436 km de la carretera de Tarim, en el corazón del desierto. Cada estación utiliza paneles fotovoltaicos para extraer agua desde unos 100 metros de profundidad y alimentar el riego por goteo de más de 200.000 árboles.
Además, se están construyendo plantas solares termoeléctricas con espejos y sal fundida que permiten almacenar energía y generar electricidad incluso por la noche, transformando el desierto en una especie de “batería solar”.
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Estos cambios, que sacan provecho al exceso de sol que hay en China (2.700 horas de luz solar al año), han tenido ya grandes repercusiones en dicho área. Tras décadas de esfuerzo, Después de décadas de esfuerzo, China dice haber recuperado 30 millones de hectáreas, mejorando la calidad del aire y reduciendo las tormentas de arena hasta en un 82 % respecto a los años 1980.
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