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Fue una histórica política italiana de los ’90 y cayó en desgracia; 30 años después, es empleada de hogar: “Tengo que vivir hoy”

La ex presidenta de la Cámara de Diputados italiana ha relatado cómo pasó de la política al trabajo doméstico y un futuro incierto en los tribunales.

Fue una histórica política italiana de los ’90 y cayó en desgracia; 30 años después, es empleada de hogar: “Tengo que vivir hoy”
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Irene Pivetti, de 62 años, quien en 1994 se convirtió en la presidenta más joven de la Cámara de Diputados italiana, atraviesa uno de los momentos más difíciles de su vida. Tres décadas después de aquel hito, afronta acusaciones por evasión fiscal y autorreciclaje en la supuesta venta ficticia de Ferrari a China, con una condena a cuatro años ya dictada, además de un nuevo proceso judicial relacionado con la compraventa de mascarillas.

En una extensa entrevista concedida a Il Giornale, Pivetti confesó la magnitud de su caída. “No me avergüenzo en decir que no tenía dinero para comer”, explicó. La ex política relató que, tras quedarse sin ingresos y con sus cuentas embargadas, incluso vendió regalos de boda a los chatarreros durante la pandemia, cuando resultaba difícil llenar la nevera.

Su situación económica la llevó a aceptar un empleo en la cooperativa Mac Servizi, ubicada en un sótano. “Al principio hacía limpieza, luego ordenaba. Empecé como voluntaria y después me reconocieron un sueldo de mil euros al mes. Cuando lo recibí no podía creerlo, finalmente tenía dinero para comer”, confesó. Una experiencia que califica de “extraordinaria”, aunque admite que en aquel tiempo se sentía “como apestada”, sin posibilidad de recibir encargos de empresas ni apoyos políticos.

Pese a la condena que pesa sobre ella, Pivetti insiste en su inocencia. “Sé que no he hecho absolutamente nada malo. Me destruyeron la imagen, me quitaron la credibilidad que había construido y me aniquilaron económicamente. Me embargaron todas las cuentas, incluso una tarjeta con un euro y nueve céntimos”, afirmó. Para la ex presidenta, el verdadero problema radica en la estructura judicial italiana.

Según sostiene, “Hay jueces y fiscales que sirven heroicamente a la justicia, pero también los hay malos, y otros que se barajan como pueden.”. Denunció además que los documentos judiciales incluyen afirmaciones “increíbles, ofensivas, ilógicas y falsas”.

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“Existe solo la presunción de culpabilidad”, lamentó Pivetti, quien teme acabar en prisión o verse atrapada en procesos interminables. “¿Qué hago, recomienzo a los 70 años? Tengo miedo de terminar en la cárcel, injustamente, y debo llegar preparada. La otra posibilidad es que el proceso nunca acabe, que dure más que mi propia vida biológica. Por eso he decidido no esperar más para volver a la vida. Tengo que vivir hoy”, sentenció.

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