Sociedad

Fue un lugar histórico del Madrid del siglo XX: echó el cierre en 2006 y ahora es un edificio abandonado a un paso de Arturo Soria

El Stella era un microcosmos donde se respiraba modernidad, hedonismo y contacto con las corrientes internacionales, anticipando el cambio cultural que tardaría décadas en llegar.

Fue un lugar histórico del Madrid del siglo XX: echó el cierre en 2006 y ahora es un edificio abandonado a un paso de Arturo Soria
Piscina Club Stella
Laura Martin Sanjuan
Cosecha del 81. Licenciada en Periodismo. Desde 2017 en Diario AS. Si hay un directo, estará tecleando. Sino, estará buscando una entrevista, un destino por descubrir o un personaje al que conocer.
Actualizado a

Alberto Sanz Hernando, del Servicio Histórico de la Fundación Arquitectura COAM, afirma que “dentro del racionalismo purista, a pesar de la fecha de construcción tan tardía, utiliza, como gran parte de la arquitectura deportiva de carácter acuático, motivos náuticos (en este caso, el puente de mando de un barco), con sus elementos curvos, sencillas barandillas de tubo y pórticos, cuyos antecedentes son el Club Náutico de San Sebastián o la Piscina La Isla de Madrid. Sin tener las cualidades de estas dos obras señeras, es destacable la integración escalonada en la ladera", afirma la memoria de Piscina Club Stella.

Fue un lugar histórico del Madrid del siglo XX: echó el cierre en 2006 y ahora es un edificio abandonado a un paso de Arturo Soria
El club social se encuentra abandonado cerca de la M-30.

“El edificio se dispone aterrazado en una ladera del valle del Arroyo del Abroñigal; se accede por la calle Arturo Soria, en la cota superior, a través de una portada neobarroca entre dos pabellones hasta alcanzar el depurado edificio principal, cuyo elemento más significativo, una amplia rotonda, se abre a una terraza elevada sobre la piscina. Esta plataforma inferior, cerrada al paisaje mediante una pérgola en el extremo occidental, se alcanza a través de un pórtico abierto bajo el edificio principal. En la parcela septentrional se abre un amplio jardín aterrazado con arbolado, zonas pavimentadas y espacios circulares de pradera conectados con el área de la piscina, que incluye otra de uso infantil", afirma la memoria de la la Piscina-Club Stella.

De icono a ruina

Una de las piscinas de la ciudad, cerrada ahora, pero que en su época fue toda una revolución. La historia comienza en una finca situada en el número 135 de la calle Arturo Soria, propiedad de Manuel Pérez-Vizcaíno y Pérez-Stella, empresario de espíritu inquieto. La inspiración llegó de manera casual: su hijo observó cómo vecinos del barrio se refrescaban en el pilón de riego de los viveros durante los veranos abrasadores. Aquella escena rural se transformó en una visión: construir una piscina moderna, con vocación social y estética, destinada a una clientela selecta.

En plena posguerra española, cuando el acceso al agua corriente era un lujo y la mayoría apenas sobrevivía, la idea parecía extravagante. Sin embargo, Pérez-Vizcaíno apostó por la audacia y encargó el proyecto al arquitecto Fermín Moscoso del Prado, figura clave del racionalismo madrileño. Entre 1945 y 1947, en un país aislado internacionalmente, se levantó un edificio de líneas puras, funcional y elegante, que rompía con la grisura dominante.

Un club pionero en el ocio

La Piscina Stella no fue solo un lugar para nadar: se convirtió en uno de los primeros clubes sociales polivalentes de España. Desde su apertura, ofreció servicios inéditos para la época:

  • Piscina principal y zonas ajardinadas.
  • Salón de baile, bar y restaurante.
  • Pistas de frontón y bolera.
  • Peluquería, gimnasio y bingo.

En 1952, el éxito llevó a una ampliación firmada por Luis Gutiérrez Soto, maestro del racionalismo y autor de obras icónicas como el Hipódromo de la Zarzuela y el Aeropuerto de Barajas. El Stella alcanzó entonces su máximo esplendor: 9.000 m² de instalaciones, fachadas blancas y volúmenes geométricos que evocaban clubes náuticos, en una zona aún semirrural de Ciudad Lineal.

Glamour y transgresión en plena dictadura

El Stella fue mucho más que arquitectura: fue un refugio cosmopolita en la España franquista. Su personal hablaba inglés, algo insólito en la época, y el club atrajo a aristócratas, artistas y estrellas internacionales. Por sus terrazas desfilaron nombres legendarios:

  • Ava Gardner, mito del cine y símbolo de libertad.
  • Xavier Cugat y Antonio Machín, embajadores del ritmo caribeño.
  • Futbolistas del Real Madrid de Di Stéfano.
  • Aristócratas como los duques de Windsor.

En sus muros se relajaba la rigidez moral del régimen: el bikini, escándalo en las calles, fue aceptado sin reparos, y con el tiempo incluso el topless se normalizó. El Stella era un microcosmos donde se respiraba modernidad, hedonismo y contacto con las corrientes internacionales, anticipando el cambio cultural que tardaría décadas en llegar.

Declive y abandono

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Durante los años 50 y 60, el Stella fue sinónimo de sofisticación. En verano, más de 1.000 personas al día acudían a sus instalaciones. Pero a partir de los años 80, la democratización del ocio y la aparición de piscinas municipales modernas marcaron su declive. El modelo elitista quedó obsoleto y el club cerró en 2006, tras más de medio siglo de historia. En 2011, el Ayuntamiento de Madrid protegió el conjunto como patrimonio arquitectónico, pero la falta de inversión lo condenó al abandono. Hoy, la Piscina Stella permanece cerrada, degradada y olvidada, símbolo de una modernidad que se resiste a desaparecer.

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