Estefanía Hita, experta en tecnología educativa: “En los más pequeños, no debemos usar la tecnología como un ‘chupete digital’ para calmarlos”
En una entrevista con el Diario AS, analiza cómo la cultura de la inmediatez favorece la multitarea y dificulta la atención sostenida.


En la actualidad, el mundo se encuentra dominado por las pantallas: en casi cualquier lugar al que vayamos están presentes. Desde un parque, donde se puede ver tanto a niños como a padres utilizando sus móviles o tabletas, hasta un centro comercial, donde para comprar ropa o comida también es necesario interactuar con dispositivos digitales. Este ‘nuevo mundo’ podría estar generando una sobreexposición en los más pequeños, lo que algunos relacionan con un posible incremento de casos de TDAH.
Por ello, Estefanía Hita, docente de la Facultad de Educación en la Universidad Internacional de Valencia y experta en tecnología educativa, ha conversado con Diario AS para ofrecer su punto de vista sobre este asunto y analizar si este aumento de diagnósticos responde realmente a un incremento del TDAH o, por el contrario, a una falta de madurez digital.
Pregunta: ¿Crees que la gente tiene una falta de conocimiento sobre qué es el TDAH?
Respuesta: Más que una falta de conocimiento sobre el TDAH, lo que existe actualmente es una confusión sobre sus síntomas. Muchas personas pueden pensar que un niño tiene el trastorno cuando realmente no es así, y viceversa. Lo que se ha visto en los últimos años es precisamente esa confusión terminológica.
P: Se comenta que ha habido un aumento de casos de TDAH en niños. ¿Cuál es la realidad detrás de este incremento?
R: Es evidente que hay más diagnósticos y más casos identificados. Sin embargo, este aumento se debe a que hoy el diagnóstico está mucho mejor definido y se realiza con mayor precisión. Ahora sabemos que el TDAH no se presenta de una sola forma, sino que cada perfil es diferente. No es que haya “más” trastorno, sino que hay más y mejores diagnósticos, lo cual es un avance.
No es que haya “más” trastorno, sino que hay más y mejores diagnósticos, lo cual es un avance.
Estefanía Hita
P: ¿Hasta qué punto influye vivir en una sociedad hiperconectada y saturada de estímulos en este aumento de diagnósticos?
R: Debemos ser prudentes: no podemos afirmar que una sociedad hiperconectada genere TDAH de forma directa; eso es clínicamente incorrecto. Lo que sí ocurre es que el contexto influye en los hábitos y comportamientos. Vivimos en una cultura de lo inmediato y lo acelerado. Esto favorece la multitarea constante y la búsqueda de estímulos rápidos, dificultando el enfoque en tareas largas. Estos comportamientos pueden ser similares a manifestaciones de falta de atención, por lo que los diagnósticos precisos son clave para diferenciar el trastorno de una dificultad vinculada a hábitos o entornos
P: ¿Ha cambiado nuestro concepto de lo que significa la “atención” en los niños en las últimas décadas?
R: No creo que haya cambiado el concepto como tal. Antes estábamos habituados a tareas que requerían una atención más sostenida en el tiempo. Actualmente, muchas actividades se basan en estímulos rápidos y recompensas inmediatas que requieren una atención más corta. No es que no haya atención, es que es un tipo de atención diferente. La clave es trabajar y saber diferenciar tanto la atención sostenida como la basada en estímulos rápidos.
P: ¿Cómo describirías esa atención que vemos hoy en día?
R: Dependiendo de la tarea, podemos realizar una atención más focalizada, sostenida o selectiva. El problema es que ahora realizamos actividades que antes no hacíamos y las familias, al ver ese tipo de atención rápida, piensan que es un problema. A menudo no es falta de atención, sino que en tareas más profundas los niños necesitan una atención sostenida que no tienen entrenada.
P: ¿Están las nuevas generaciones perdiendo la capacidad de tolerar el aburrimiento debido a la tecnología?
R: El uso de redes sociales ofrece estímulos rápidos y recompensas inmediatas, lo que nos mete en una dinámica de atención fragmentada. Cuando pedimos una lectura sostenida o concentración profunda, les exigimos algo distinto que no han practicado. Aparece entonces el aburrimiento porque no hay el estímulo constante al que están acostumbrados. Más que aburrimiento, es frustración. El cerebro multitarea puede experimentar estrés y fatiga, afectando incluso al estado de ánimo.
P: ¿Estamos confundiendo los efectos de la sobreestimulación con el TDAH?
R: Antes de confundirlos, hay que evaluar con sentido y analizar el contexto: cómo duerme el niño, sus rutinas, el uso que hace de las pantallas y si tiene acompañamiento adulto o tiempo para el juego libre y la lectura. La atención no funciona igual en todos los entornos. No se puede negar que hay alteraciones reales, pero tampoco debemos etiquetar sin analizar todo el contexto.
P: ¿Hay alguna etapa del desarrollo cerebral donde esta sobreexposición sea más perjudicial?
R: Todas las etapas son importantes y cada una requiere habilidades y acompañamiento diferentes. Por ejemplo, en los más pequeños, no debemos usar la tecnología como un “chupete digital” para calmarlos. A medida que crecen, hay que explicarles los riesgos y enseñarles a diferenciar información veraz de la falsa. No hay una etapa más crucial que otra, sino que cada una requiere una respuesta distinta del adulto.
P: ¿Cómo sería un uso correcto de la tecnología en un menor?
R: Debe estar adaptada al momento evolutivo de cada uno. Al igual que se trabajan habilidades manipulativas antes de darles un lápiz, hay que trabajar ciertas habilidades antes de darles una pantalla. No se trata de “pantalla sí o no”, sino de darles lo que necesitan en el momento clave.
No se trata de “pantalla sí o no”, sino de darles lo que necesitan en el momento clave.
Estefanía Hita
P: ¿Debería analizarse por protocolo el consumo digital antes de confirmar un caso de TDAH?
R: Centrarse únicamente en el consumo digital sería un error. Hay que analizar todo el contexto: rutinas de sueño, qué hace en su tiempo libre, el acompañamiento adulto y las oportunidades de juego libre. Diferenciar el TDAH basándose solo en el contexto también es erróneo; debe haber un trabajo conjunto entre lo educativo y lo clínico.
P: ¿Existe el riesgo de sobremedicar por problemas que derivan de factores como el mal uso de la tecnología?
R: Ese riesgo existe si simplificamos el problema. Si interpretamos cualquier dificultad atencional automáticamente como algo exclusivamente clínico que requiere medicación, cuando quizá solo requiere revisar hábitos o contextos. Pero tampoco podemos irnos al otro extremo y negar que hay casos que sí necesitan intervención médica. La clave es el análisis riguroso y compartido.
P: ¿Qué es la “higiene de la atención” y cómo pueden implementarla los padres?
R: Se trata de entender que la atención es un recurso limitado y que vivimos en un entorno que compite por ella. Consiste en cuidar dónde ponemos el foco, reducir interrupciones y evitar la multitarea constante. En casa, esto se traduce en cuidar el sueño, establecer rutinas, no usar la pantalla como respuesta automática al aburrimiento y aumentar la lectura y las conversaciones sin dispositivos de por medio. No es quitar la pantalla, sino decidir cómo, cuánto y para qué usarla.
No es quitar la pantalla, sino decidir cómo, cuánto y para qué usarla.
Estefanía Hita
P: ¿Cómo afecta el ejemplo de los adultos al usar sus propios dispositivos?
R: Influye mucho en los hábitos. Existe el concepto de “tecnoferencia”, que son las interrupciones en la vida diaria causadas por notificaciones o el uso excesivo de dispositivos por parte del adulto. Esto interrumpe la relación y comunicación con los niños en momentos importantes para su desarrollo. Al final, afecta a las rutinas que los niños adquieren y, por extensión, a su atención.
P: ¿Es posible volver a entrenar la atención en niños que han nacido en esta sobreestimulación?
R: Sí, la atención no es un rasgo fijo, es una competencia que se puede entrenar. Si equilibramos las experiencias digitales con lectura, juego y conversación, se puede mejorar la atención sostenida y focalizada. No será inmediato, pero es posible, y es importante recalcarlo frente a discursos catastróficos.
P: ¿Qué técnicas concretas aconsejarías a los padres?
R: Ni prohibición total ni uso sin límites. El problema no es la pantalla en sí, sino lo que ocurre dentro de ella. Si el dispositivo fuera el problema por sí solo, todos estaríamos enganchados a Google o Netflix por usarlos todo el día, y no es así. Aconsejo usar tecnología que ayude a pensar y desarrollar habilidades, no solo que sirva de entretenimiento. Los padres deben formarse e investigar para determinar qué y cómo se usa.
Aconsejo usar tecnología que ayude a pensar y desarrollar habilidades
Estefanía Hita
P: ¿Y qué pueden hacer los centros educativos?
R: De la misma manera, deben usar la tecnología para desarrollar habilidades y competencias profundas, no solo para entretener. El uso es correcto cuando el alumno piensa por sí mismo, crea respuestas y valora si la información es correcta. Si es solo estímulo sin fin, puede ser negativo.
P: Para terminar: ¿TDAH o falta de madurez digital?
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R: Ni una ni la otra. Hay mucha falta de madurez digital porque no se trabaja previamente el uso de la pantalla como se hace con el lenguaje o la motricidad. Pero eso no significa que la falta de madurez digital desarrolle TDAH. Nunca una falta de madurez o de hábitos es, por definición, TDAH. Hay que valorar el entorno y, si tras eso persisten las dudas, acudir al plano clínico para una valoración médica rigurosa.
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