El trono del Papa existe: lo creó Gian Lorenzo Bernini, es conocido como Cátedra de San Pedro y no se utiliza nunca
Desde la Edad Media prácticamente nadie usa esta sencilla silla de madera situada detrás del Altar Papal en la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Pocos objetos religiosos en el mundo encierran tanta historia, simbolismo y misterio como la Cátedra de San Pedro, el trono del papa que, paradójicamente, nunca se utiliza. Esta sencilla silla de madera, conservada como una de las reliquias más sagradas del Vaticano, permanece vacía desde la Edad Media, cuando dejó de formar parte de la ceremonia de entronización papal.
Situada tras el Altar Papal en la majestuosa Basílica de San Pedro, la Cátedra ha sido transformada en un monumento de imponente belleza por el artista barroco Gian Lorenzo Bernini. Su obra, encargada por el papa Alejandro VII en el siglo XVII, encierra la antigua silla en una estructura de bronce de casi 15 metros de altura y 74 toneladas de peso, sostenida por estatuas de los cuatro grandes doctores de la Iglesia y coronada por una explosión dorada de ángeles y luz, en cuyo centro brilla una vidriera con la imagen del Espíritu Santo.

Un trono real abandonado
Lo que hace único a este trono no es solo su monumentalidad, sino su vacío. Durante más de mil años, fue utilizado como símbolo tangible de la autoridad espiritual del papa. Hoy, su uso es imposible: la silla, que según la tradición perteneció al apóstol san Pedro, no puede soportar peso debido a su antigüedad y fragilidad. De hecho, muchos pontífices modernos ni siquiera la han visto de cerca.
En una excepción histórica, a finales de 2024, la Cátedra fue extraída brevemente de su relicario por primera vez en medio siglo para su restauración. Con motivo del Jubileo, el papa Francisco la contempló de cerca y ordenó que permaneciera expuesta al público hasta diciembre. “La Cátedra nos enseña que la vida no es poder, sino servicio”, afirmó entonces el padre Enzo Fortunato, portavoz de la Basílica.
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Sea uno creyente o no, el arte y la liturgia católica invitan a una contemplación profunda. En un mundo donde los símbolos del poder suelen asociarse al lujo y la ostentación, el trono del papa, una modesta silla de roble venerada por su humildad y legado, nos recuerda que la autoridad verdadera se ejerce desde la entrega al pueblo, no desde el dominio al mismo.
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