El motivo por el que las camisas de hombres y mujeres no tienen los botones en el mismo lado
Aunque parezca una cuestión de diseño, esta diferencia tiene raíces históricas, sociales... y algo de leyenda.

Si alguna vez has compartido armario o plancha con alguien del sexo opuesto, probablemente te hayas dado cuenta de que las camisas no se abotonan igual. En las de hombre, los botones están a la derecha y los ojales a la izquierda; en las de mujer, es justo al revés. Lo curioso es que esta diferencia no es reciente, ni fruto del capricho de la moda moderna: se remonta al siglo XVII, y responde a razones prácticas, sociales e incluso simbólicas.
La explicación más aceptada por historiadores y expertos en moda tiene que ver con el acto mismo de vestirse. En la Europa del siglo XVII, los hombres —en su mayoría— se vestían solos, por lo que resultaba más cómodo tener los botones a la derecha, una ventaja si se considera que la mayoría de la población era diestra. Por el contrario, las mujeres de clases altas solían ser vestidas por sirvientas, por lo que los botones se colocaban al lado opuesto para facilitar la tarea a quien abrochaba desde el frente.
Es decir, la diferencia no nace de quién usa la prenda, sino de quién ayuda a ponérsela. Esta lógica, puramente funcional en su origen, acabó cristalizándose como norma de diseño y se ha mantenido hasta hoy, aunque su utilidad real haya desaparecido en la vida cotidiana contemporánea.
Desde amamantar hasta Napoleón
Existen también otras explicaciones, algunas más prácticas, otras más simbólicas, aunque ninguna tan ampliamente aceptada como la del servicio doméstico.
Según la revista francesa L’Edition du Soir, una de ellas sostiene que los botones a la izquierda facilitaban la lactancia materna, ya que muchas mujeres cargan a sus bebés con el brazo izquierdo, dejando libre la mano derecha para desabrochar la prenda. Aunque tiene sentido práctico, no hay evidencia clara de que esta haya sido una razón deliberada en el diseño original de las camisas femeninas.
Otra teoría apunta a que Napoleón Bonaparte pudo haber influido en esta diferenciación, ordenando que la ropa de las mujeres se abrochara al revés para evitar que imitaran su emblemática pose de la mano dentro del abrigo. Sin embargo, esta versión se considera más leyenda que realidad, ya que no existen registros históricos que la confirmen.
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A pesar de que hoy en día la mayoría de las personas se visten sin ayuda y la distinción entre prendas “masculinas” y “femeninas” se difumina en la moda contemporánea, la diferencia en el abotonado persiste, incluso en marcas modernas y unisex. La tradición se mantiene, quizá por inercia, quizás por identidad de marca, o simplemente porque nadie ha encontrado una razón de peso para cambiarla.
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