El lugar de vacaciones donde no hay electricidad, ni agua en las casas ni calles asfaltadas
En Uruguay, una reserva natural protegida es atractiva turísticamente por su austeridad. “Es un lugar pensado para desconectar”.

Jorge Bergoglio fue conocido como el Papa “austero”. Siempre rehusaba de sus lujos heredaros, y promulgaba aquella típica frase de que “con que poco es feliz el ser humano”. Pues Cabo Polonio es un ejemplo de ello, un pequeño poblado en la costa atlántica de Uruguay y dentro de un parque nacional protegido, donde la ausencia de electricidad, agua corriente y calles asfaltadas se convierte en parte esencial de la experiencia.
De primeras, llegar hasta allí no es fácil. Los visitantes deben dejar su coche en la entrada del parque y continuar en un autobús todoterreno de dos plantas que atraviesa unas marismas. Al cumplir su destino, se encuentran un paraíso natural compuesto de playas vírgenes, dunas, humedales y bosques costeros, hogar de especies en peligro de extinción como el sapito de Darwin, la tortuga de canaleta o la ballena franca austral. Y también, hay un pequeño pueblo.
Autenticidad que atrae a todas las clases
El núcleo urbano, de apenas un centenar de habitantes, es peculiar. No hay tendido eléctrico ni alumbrado público, y muchas casas carecen de agua corriente. Para cargar un móvil hay que acudir a las pequeñas tiendas locales, y en la noche la única iluminación posible es una linterna. O las estrellas.
La gastronomía, sencilla y local, se concentra en los puestos de playa que ofrecen ceviches, mazorcas de maíz o pescados frescos, aunque también hay algún restaurante de renombre, como La Perla de Polonio. Los viajeros destacan además la presencia de colmados que recuerdan a los antiguos ultramarinos españoles, huella de la emigración gallega.
El fotógrafo español Pablo Zamora, que recorrió Uruguay acompañado de su pareja, resume en Condé Nast Traveler la experiencia como una desconexión absoluta. “En nuestra casa no había electricidad ni agua corriente. Tuvimos que sacar el agua con una bomba y alumbrarnos con linterna. Pudimos vivir una auténtica desconexión. Es un lugar pensado para eso".
Cabo Polonio mantiene su carácter protegido a pesar de cierto aumento en los precios y la llegada de turistas. Las construcciones son bajas, sin alteraciones estéticas, y la conservación del paisaje es una prioridad de las autoridades locales. Esa autenticidad atrae no solo a viajeros anónimos, sino también a figuras conocidas. Durante su visita, Zamora llegó a cruzarse con el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, que compraba pan descalzo y sin escolta.
Noticias relacionadas
El enclave ha inspirado incluso al cantautor Jorge Drexler, que evoca en su música la belleza de la oscuridad de Cabo Polonio. Una oscuridad que aquí no es ausencia, sino refugio. O un recordatorio, posiblemente, de que el lujo, a veces, es volver a lo austero.
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí






Rellene su nombre y apellidos para comentar