Sociedad

El duelo militar diario que transforma la frontera entre India y Pakistán en un estadio de fútbol: “Todo puede acabar mal”

Miles de personas gritan consignas mientras soldados levantan las piernas hasta el cielo en una coreografía marcial que se mantiene incluso en crisis extremas. Ni la tensión nuclear ni los intentos de suavizarlo tras un atentado en 2014 han logrado acabar con este ritual.

Un soldado de la BSF vigila a la multitud durante la ceremonia Beating The Retreat en la frontera de Attari el 4 de noviembre de 2014 en Amritsar, India. Al menos 60 personas murieron y más de 120 resultaron heridas cuando un joven suicida, que llevaba un chaleco explosivo, se inmoló en el lado pakistaní de la frontera de Attari-Wagah.
Hindustan Times
Mariano Tovar
Empezó a trabajar en AS en 1992 en la producción de especiales, guías, revistas y productos editoriales. Ha sido portadista de periódico, redactor jefe de diseño e infografía desde 1999 y pionero en la información de NFL en España con el blog y el podcast Zona Roja. Actualmente está centrado en la realización de especiales web e historias visuales
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Antes de empezar, quiero dar las gracias a un lector de AS, Pepinus Fernández, que dejó un comentario en otro artículo y me regaló esta historia. Me pareció tan buena que no pude resistirme: cerré todo y me puse a investigar. Aquí está el resultado.

Si alguna vez viajas al norte de la India y alguien te dice que no te pierdas el espectáculo de la frontera, hazle caso. Porque lo que ocurre cada tarde en Attari-Wagah no es un simple cierre de puertas: es un ritual que mezcla tensión militar, orgullo nacional y un punto de surrealismo que lo convierte en una atracción turística única. Imagina dos países que se han declarado enemigos desde hace décadas, que han librado guerras, que se han acusado de todo lo posible… y que, sin embargo, cada día se citan para un show que parece sacado de un partido de fútbol.

La escena empieza a las cinco y media, cuando el sol empieza a caer sobre el Punjab. En el lado indio, cientos de personas se agolpan en las gradas, ondeando banderas y cantando himnos. En el lado pakistaní, lo mismo: familias enteras, jóvenes con camisetas verdes, altavoces que rugen con canciones patrióticas. “Es como ir a un estadio”, dijo un turista británico que había cruzado medio mundo para verlo. “Solo que aquí los jugadores llevan fusiles y botas militares”.

Porque sí, los protagonistas son los soldados. Altos, impecables, con bigotes que parecen dibujados con regla y uniformes que no admiten una arruga. Cuando empieza la ceremonia, se transforman en actores. Marchan con pasos exagerados, levantando las piernas hasta casi tocarse la frente, golpean el suelo con tal fuerza que las botas suenan como tambores. Se miran a los ojos con una intensidad que podría partir piedras. Y todo esto mientras el público grita, aplaude y abuchea al otro lado como si estuviera en un clásico Madrid-Barça.

Tras la partición de India y Pakistán en 1947, los dos países quedaron separados por una línea que se convirtió en cicatriz: millones de desplazados, violencia, tres guerras y una desconfianza que no se ha cerrado. Durante años, el cierre de la frontera fue un trámite frío, hasta que el brigadier indio Mohinder Singh Chopra y el brigadier pakistaní Nazir Ahmed propusieron convertirlo en algo más: un ritual que mostrara fuerza, orgullo y presencia… sin disparar un solo tiro. Así nació la Wagah Border Ceremony en 1959.

Desde entonces, cada tarde, la Border Security Force india y los Rangers pakistaníes se enfrentan en una coreografía que parece un desafío y un baile al mismo tiempo. No es solo protocolo: es un mensaje. “Es nuestra manera de decir: estamos aquí, fuertes, orgullosos”, explicó un oficial indio a la BBC. Y su colega pakistaní respondió: “Es un mensaje claro: no retrocederemos”. Dos frases que resumen más de seis décadas de tensión, orgullo y espectáculo en la frontera más teatral del planeta.

El duelo militar diario que transforma la frontera entre India y Pakistán en un estadio de fútbol: “Todo puede acabar mal”
Visitantes salen tras presenciar el desfile en el puesto conjunto de Attari-Wagah, en la frontera internacional entre India y Pakistán, cuando la ceremonia Beating Retreat se reanudó el 20 de mayo de 2025 en Amritsar, India.Hindustan Times

Lo curioso es que, con el tiempo, la ceremonia dejó de ser solo un acto militar para convertirse en espectáculo. Hoy hay gradas, vendedores de refrescos, turistas que llegan en autobuses desde Amritsar o Lahore. Incluso hay agencias que lo incluyen en sus paquetes como si fuera el Taj Mahal. “Es la frontera más teatral del planeta”, escribió un periodista del New York Times, y cuesta discutirlo. Porque mientras los soldados se baten en saludos coreografiados, los altavoces lanzan consignas y el público responde con cánticos que harían palidecer a cualquier hinchada.

Hay detalles que parecen sacados de una comedia. Por ejemplo, la competición por ver quién grita más. En el lado indio, un animador con micrófono calienta al público: “¡Bharat Mata ki Jai!” (¡Victoria para la Madre India!). En el lado pakistaní, otro responde: “¡Pakistan Zindabad!” (¡Larga vida a Pakistán!). Y así, durante minutos interminables, como si fuera un duelo de DJs. “Es la única frontera del mundo donde la gente viene a divertirse”, dijo un guía local entre risas. Aunque luego añadió, más serio: “Pero no olvides que aquí ha habido miles de muertos”.

Que nadie se engañe: detrás del show sigue habiendo tensión real. Los fusiles no son de atrezo. Las órdenes son claras: si alguien cruza la línea, se dispara. Y esa línea, marcada por una simple verja, separa dos países que se han acusado de terrorismo, que han estado a punto de entrar en guerra nuclear y que todavía se miran con recelo. “Es como bailar con tu enemigo”, comentó un viajero español que lo presenció en directo. “Sabes que si la música para, todo puede acabar mal”.

El duelo militar diario que transforma la frontera entre India y Pakistán en un estadio de fútbol: “Todo puede acabar mal”
Miembros de la Border Security Force (BSF) india y de los Rangers pakistaníes (de negro) realizan la ceremonia diaria de retirada en el puesto fronterizo de Wagah, entre India y Pakistán, a unos 35 km de Amritsar, el 13 de julio de 2024, en Lahore, Pakistán. Desde 1959, soldados de ambos países celebran esta ceremonia para marcar el cierre del paso fronterizo de Wagah entre Lahore (Pakistán) y Amritsar (India).Anadolu

Alguna vez, la música sí se paró. El 2 de noviembre de 2014, el espectáculo se tiñó de sangre: un atacante suicida hizo estallar una bomba en el lado pakistaní. Hubo 60 muertos y más de 100 heridos. El grupo Jamaat-ul-Ahrar reivindicó el ataque como castigo por las operaciones militares de Pakistán. Tras el atentado, se reforzó la seguridad y las autoridades intentaron suavizar el tono para hacerlo menos agresivo, pero el público lo rechazó de plano: querían el espectáculo tal y como lo habían visto siempre, con toda su carga de orgullo y desafío.

¿Y cómo acaba todo? Con un gesto que parece pequeño, pero que tiene un peso enorme: los soldados bajan las banderas, las pliegan con precisión milimétrica y cierran la puerta. Un portazo que suena como un punto final, aunque todos saben que mañana se volverá a repetir la función. Porque este ritual no descansa ni en días festivos. De hecho, se ha celebrado incluso en crisis extremas, salvo en guerras abiertas. La última vez que se detuvo fue a principios de mayo de 2025, tras el ataque terrorista en Pahalgam (Cachemira): la ceremonia se suspendió el 8 de mayo y regresó con formato reducido el 20 de mayo, sin saludo, sin abrir puertas y con seguridad reforzada. Desde entonces se celebra diariamente, aunque todavía no ha recuperado su versión completa.

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Lo fascinante es que este espectáculo resume la contradicción eterna entre India y Pakistán: enemigos irreconciliables, pero unidos por una coreografía que solo ellos entienden. Como dos hermanos que se odian, pero que no pueden dejar de mirarse. Y mientras tanto, los turistas sacan fotos, los niños agitan banderas y los soldados levantan las piernas hasta el cielo, como si la guerra fuera un baile.

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