Eduardo, vicepresidente de Cosentino, explica por qué dejó España para mudarse a los EEUU: “¿Estás listo para un reto?”
El nieto del fundador de la conocida empresa tuvo que emigrar después de que se adquiriera una compañía en Estados Unidos. “Tenía sentido que fuera yo”.


El problema del acceso al mercado laboral lo es menos para quienes tienen familias con negocios propios. En estos casos, existe la opción de seguir en él, formando a una nueva generación en el negocio. O bien, seguir su propio camino. Eduardo Cosentino, nieto del fundador de Grupo Cosentino, siguió el primero de los caminos.
La empresa, que cuenta con el Silestone como su producto más destacado, comenzó en los años 40 con la explotación de canteras y la elaboración de mármoles en la localidad almeriense de Macael. Desde ahí hasta, décadas más tarde, Estados Unidos. Un viaje que emprendió Eduardo, con 28 primaveras y con un bajo nivel de inglés, como él mismo reconoce en Business Insider. “Mi mayor preocupación era la barrera del idioma. Mi inglés en aquel entonces era pésimo. Hoy en día sigue sin ser tan bueno, pero en aquel entonces era pésimo”, asegura.
Y es que, con unos primeros recuerdos que discurren por las canteras de la familia, él siempre tuvo claro que quería continuar con el legado. Cuando su padre y sus hermanos tomaron las riendas de la empresa, ésta contaba con apenas 14 empleados. Ahora, son más de 6.000 en todo el mundo, principalmente en España. Pero él, en lo que considera un paso lógico, tuvo que hacer las Américas.
“Mi padre me preguntó: ‘¿Estás listo para un reto?’”, recuerda. La empresa había comprado una compañía estadounidense y hacía falta alguien de la familia allí, que se encargara de supervisar la expansión de la merca. Y él fue el ‘elegido’. “Soy el hijo del medio, y mi hermano y mi hermana están involucrados en el negocio. En ese momento, estaba soltero y supervisaba las ventas globales, así que tenía sentido que yo fuera quien se mudara”, señala Eduardo.
El problema del idioma fue superado con mucho esfuerzo, gracias al trabajo de una tutora todas las mañanas. Sin embargo, no fueron las lecciones teóricas las que le ayudaron a mejorar. Fue el día a día, la práctica. “Lo que más me ayudó a aprender el idioma fue simplemente hablar con la gente, incluyendo a los clientes. Acepté que a veces la gente no me entendería”, reconoce.
Diferencias entre españoles y estadounidenses
Durante este tiempo que ha pasado allí, hay una cosa que destaca especialmente de los estadounidenses: la forma de dirigir un negocio. Mientras que en España se le suelen dar vueltas a un problema, allí la gente “es pragmática y va al grano. Lo aprecio porque el tiempo es muy valioso”. Otra cosa que destaca es que suelen tener una mentalidad más empresarial, en la que “todos piensan en cómo el negocio puede crecer y expandirse”. Algo que, añade, no suele darse siempre en España.
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Sin embargo, también hay aspectos en los que prefiere la mentalidad de los españoles. “Son muy trabajadores y dedican muchísimas horas”. Algo que contrasta con las “ideas erróneas” que se tienen sobre los españoles en Estados Unidos, respecto a que la gente aquí es relajada y vive al máximo. Otra cosa que le gusta de sus compatriotas es que “priorizan el tiempo en familia, y eso es importante”. Así, para él, la combinación ideal es el “énfasis estadounidense en los negocios y el español en la familia”.
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