De España a la profundidad del Amazonas a los 18 años: “Te hace ver lo ciegos que estamos en nuestro mundo”
Los 190 ruteros que componen la expedición española Ruta Inti han pasado 4 días conviviendo con comunidades indígenas de la cuenca del Ampiyacu, en la Amazonía peruana.

Además de un océano, hay muchas cosas que separan a un universitario español nacido a principios del siglo XXI de un habitante de una comunidad indígena de la cuenca del Ampiyacu, en plena Amazonía peruana. Un contexto sociocultural radicalmente diferente, una educación de una calidad enormemente desigual, y una relación con el entorno que no se parece en nada. Y debido a la gigantesca distancia y a la casi nula posibilidad de comunicación, estas diferencias, que suelen dar lugar a prejuicios, estereotipos, e ideas preconcebidas de todo tipo, nunca tienen ocasión de derribarse. Solo la convivencia cercana de igual a igual podría lograrlo.
Y éste es precisamente el objetivo del que seguramente sea el tramo más importante de la expedición de la asociación española Ruta Inti, que en su undécima edición está recorriendo Perú con 190 jóvenes de 18 a 25 años. La primera etapa del viaje tuvo lugar en la zona andina, alrededor de Cusco. Después de diez días allí, los ruteros se dirigieron a la Amazonía, que se articula en torno a la ciudad de Iquitos, una metrópoli en mitad de la selva. En esta área, Ruta Inti ha pasado cuatro días en varias comunidades indígenas de la cuenca del Río Ampiyacu, afluente del Amazonas, que recibieron a la expedición con los brazos abiertos.
Para minimizar su impacto, y con el objetivo de lograr una integración mayor entre su gente, los expedicionarios se dividieron en cuatro grupos, de unas 35 personas, que se repartieron en cuatro comunidades a lo largo del Río Ampiyacu. Durante estos días, los ruteros convivieron con total implicación en la comunidad, participando de sus actividades y habitando el espacio con su gente, de la que aprendieron un modo de vivir muy diferente al que están acostumbrados. Una experiencia muy difícil de conseguir, aún más a esta edad.

Y a juzgar por sus primeras impresiones, despojarse de los prejuicios que traían de casa sobre las comunidades indígenas ha sido el principal logro de estas jornadas de convivencia. En palabras de Juan, rutero de 24 años, “tenemos la concepción de que estas comunidades viven desconectadas del mundo globalizado. Pero tienen internet, todos usan el móvil de alguna forma, y están muy conectados con la cultura externa”. Patxi, de 18, por su parte, asegura que tenía “el estereotipo típico”. “Pero luego llegas”, prosigue, “y ves gente igual que nosotros. Con móviles electricidad, y te hace ver lo ciegos que estamos en nuestro mundo. Al final, es gente igual que nosotros”.
Durante cuatro días, además, hay tiempo para varias situaciones que logran conectar a las personas, sin importar la distancia que separa sus lugares de orígenes. “Lo que más me gustó compartir situaciones cotidianas”, cuenta Lucía, rutera de 21 años, “un recuerdo muy bonito es de una noche que estaba lavando ropa y vino una local. Estuvimos charlando, me estuvo contando cómo es su vida, y me ayudó a lavar la ropa porque lo estaba haciendo mal. Nos hicimos sus amigos”. Un extremo que confirma Sofía: “Me sorprendió que los valores son universales; los niños se ríen igual, las bromas se entienden igual”.

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Sin duda, este grupo de jóvenes ruteros venía cargado de prejuicios y estereotipos fruto de una falta de información real proveniente de este tipo de comunidades, y una falta de interés por parte de la sociedad occidental en conocerlas. No venían con más ideas preconcebidas que casi cualquier ciudadano europeo, pero sí con las mismas. Y la posibilidad de poder participar en esta expedición de Ruta Inti, les ha ayudado a reformularlas.
Éste es precisamente el objetivo de la asociación, tal y como explica Fernando Enríquez, su director: “Consideramos que la única forma de tomar consciencia real de las problemáticas y los retos que afronta la Amazonia y, de la misma forma, de encontrar puntos en común para aportar en lo que podamos, es convivir piel a piel con ellos, conociendo y acabando con los prejuicios y estereotipos que existen. Y a partir de ahí, tender puentes para que los participantes puedan pensar en nuevas formas de colaborar”.




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