Sociedad

Así es la ‘Patrulla Sirius’, la unidad de élite del ejército danés que vigila Groenlandia con perros y trineos desde la IIGM

Dos hombres, un trineo y una docena de perros para vigilar el mayor desierto helado del planeta. Dinamarca ha defendido así Groenlandia desde hace 85 años, en una estrategia silenciosa que comparte ADN con los Comandos Osos Polares canadienses y su manera de patrullar el Ártico.

La Patrulla Sirius defiende Groenlandia desde la Segunda Guerra Mundial
julien ratel
Mariano Tovar
Redactor Jefe de Especiales
Empezó a trabajar en AS en 1992 en la producción de especiales, guías, revistas y productos editoriales. Ha sido portadista de periódico, redactor jefe de diseño e infografía desde 1999 y pionero en la información de NFL en España con el blog y el podcast Zona Roja. Actualmente está centrado en la realización de especiales web e historias visuales
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Groenlandia parece un lugar en el que no hay nada que defender. Un vacío blanco del tamaño de Europa occidental, hielo, viento y silencio. Precisamente por eso, desde la Segunda Guerra Mundial, alguien ha tenido que vigilarla sin descanso. Y casi siempre han sido los mismos: pocos hombres, sin apoyo inmediato, sin grandes medios y con la amenaza más letal que existe allí arriba, el error humano.

Cuando Alemania nazi ocupó Dinamarca en abril de 1940, Groenlandia quedó aislada de la noche a la mañana. La metrópoli ya no podía protegerla, pero la isla se convirtió de pronto en una pieza estratégica clave. Quien controlara ese territorio controlaría el Atlántico Norte, el tráfico aéreo, la meteorología y, con ella, la guerra.

Los alemanes lo sabían y empezaron a instalar estaciones meteorológicas secretas en la costa este, inaccesible y casi deshabitada. No buscaban conquistar territorio. Solo datos. Temperatura, presión, viento. Información para ganar batallas a miles de kilómetros.

Así es la ‘Patrulla Sirius’, la unidad de élite del ejército danés que vigila Groenlandia con perros y trineos desde la IIGM
Miembros de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos destruyen una estación de radio y base meteorológica alemana en la costa de Groenlandia el 11 de septiembre de 1943.Bettmann

Con Dinamarca sin capacidad real para mandar tropas, la defensa de Groenlandia quedó en un limbo extraño. Formalmente seguía siendo danesa, pero en la práctica fueron Estados Unidos y sus guardacostas quienes asumieron buena parte de su protección a partir de 1941. No por altruismo, sino por pura necesidad: Groenlandia era un enorme portaviones natural en mitad del Atlántico Norte.

Washington aportó bases, aviones y logística, mientras que sobre el terreno se recurrió a quienes mejor conocían aquel infierno blanco: cazadores inuit, colonos daneses y noruegos acostumbrados a sobrevivir sin ayuda.

De esa mezcla improvisada, mitad danesa y mitad estadounidense, nacería el embrión de la patrulla que acabaría convirtiéndose en Sirius, una unidad mínima concebida no para luchar grandes combates, sino para patrullar la nada. En total, apenas media docena de patrullas, siempre formadas por dos hombres y un trineo con una docena larga de perros. Es lo justo para sobrevivir y para vigilar. Recorrían miles de kilómetros durante meses y no esperaban refuerzos rápidos si algo salía mal. En la Sirius no existía el concepto de rescate inmediato. Como diría uno de sus veteranos décadas después, allí arriba no puedes luchar contra el hielo: siempre gana.

Durante la guerra, esos hombres localizaban estaciones alemanas, transmitían su posición y, en algún caso, llegaron a enfrentarse a patrullas enemigas en uno de los escenarios más surrealistas del conflicto: tiroteos en mitad de la nada, a cuarenta grados bajo cero, donde cada cartucho vale oro. No fue una guerra heroica ni visible, pero sí decisiva. Mantener Groenlandia libre del control nazi era una forma de defender Europa.

Terminada la guerra, llegó la Guerra Fría y el Ártico se convirtió en la autopista más corta entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Groenlandia pasó a ser una frontera adelantada del bloque occidental. Estados Unidos mantuvo su presencia y construyó bases aéreas como la de Thule, radares y sistemas de alerta temprana. Pero la lógica de la defensa no cambió. La costa este siguió defendida por la Patrulla Sirius, creada oficialmente en 1950 por el ejército danés y rebautizada en 1953 con el nombre que mantiene hoy. Desde entonces continúa patrullando igual que en los años cuarenta, con normas casi monásticas y una selección durísima que provoca más abandonos que ingresos. Además, ejerce de policía, guardabosques y última autoridad civil en el Parque Nacional del Noreste de Groenlandia, el mayor parque nacional del planeta.

Así es la ‘Patrulla Sirius’, la unidad de élite del ejército danés que vigila Groenlandia con perros y trineos desde la IIGM
Los canadienses crearon su propio cuerpo de élite en el Ártico en 1947, los Osos Polares.Fred Marie/Art in All of Us

Mientras tanto, al otro lado del Ártico, Canadá comprendió una lección parecida: la soberanía ártica no se defiende con mapas, sino con presencia. Así nacieron los Comandos Osos Polares en 1947. No son fuerzas especiales al uso, ni una unidad pensada para misiones espectaculares. Son habitantes del Ártico, muchos de ellos inuit, entrenados para patrullar, guiar y sobrevivir. Gente que no aprende el frío en un curso, sino en su vida diaria. Su función es clara: estar allí. Saber moverse allí. Demostrar presencia.

Ejercicios conjuntos con ejércitos modernos dejan escenas casi cómicas. Soldados altamente equipados que no aguantan el ritmo, que se desorientan o que dependen por completo de quienes llevan allí toda la vida. En el Ártico, la tecnología ayuda, pero manda el conocimiento del terreno.

Durante décadas, la defensa de Groenlandia y del alto Ártico ha sido silenciosa. Basada en patrullas interminables, en rutinas repetidas y en asumir que el mayor enemigo no dispara. Grietas invisibles, tormentas repentinas, decisiones mal tomadas... Por eso la Sirius mantiene equipos de dos hombres: si uno se equivoca, el otro puede salvarle. Si los dos fallan, no hay tercera oportunidad.

Hoy, cuando el deshielo abre nuevas rutas marítimas y despierta el interés de potencias que antes miraban al sur, Groenlandia vuelve a estar en el centro del mapa. Rusia, China y Estados Unidos observan el norte con atención renovada. La defensa se moderniza, llegan drones, satélites y sensores. Pero la esencia no cambia. La Patrulla Sirius sigue recorriendo el mismo hielo que hace ochenta años. Los Comandos Osos Polares siguen entrenando a quienes mejor conocen el territorio.

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Groenlandia nunca se ha defendido con ejércitos masivos. Lo ha hecho con unos pocos hombres y mujeres que aceptan desaparecer durante meses para que nadie más aparezca. En un lugar donde no hay aplausos ni gloria, solo frío, silencio y kilómetros de blanco. La defensa más extraña del mundo lleva décadas funcionando precisamente porque entiende una verdad simple: en el Ártico no gana quien tiene más poder. Gana quien aguanta más tiempo.

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