Sociedad

“Abrió mi cabeza”: un hombre de 31 años abandona una vida de lujo y se instala en una comuna hippie

Hijo de una figura pública en Argentina, Jerónimo Weich dejó atrás una vida urbana y acomodada para vivir con lo mínimo.

“Abrió mi cabeza”: un hombre de 31 años abandona una vida de lujo y se instala en una comuna hippie
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Jerónimo Weich tenía todo lo que se puede esperar de una vida acomodada en Buenos Aires: estudios privados, amigos, un equipo de rugby en un club exclusivo, y un apellido reconocido. Su padre es Julián Weich, popular conductor de televisión y embajador de UNICEF en Argentina. Sin embargo, a los 18 años decidió romper con todo y comenzar una vida radicalmente distinta.

“Era feliz, pero algo no me cuadraba del todo. Sentía que había algo más allá de esa vida urbana que me llamaba”, cuenta Jerónimo en una entrevista con el diario argentino La Nación. Así comenzó una travesía que lo llevó a recorrer gran parte de Latinoamérica como mochilero, durmiendo en la calle, haciendo malabares para sobrevivir, cocinando en plazas públicas y vendiendo pulseras artesanales.

Pasó por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Panamá, Guatemala, Nicaragua y México, sin un itinerario definido. “Lo que me abrió la cabeza fue ver otras formas de vivir, de relacionarse, de entender el mundo. Salir de mi burbuja”, reflexiona.

Naturaleza, comunidad y bioconstrucción

Aquella experiencia no solo cambió la percepción de su padre, sino que también consolidó el rumbo de Jerónimo. El contacto con la naturaleza, la vida colectiva, el trabajo a mano y el intercambio sin dinero lo llevaron a interesarse por la bioconstrucción, una técnica basada en el uso de materiales naturales como barro, adobe, madera o piedra, que respeta los ciclos del entorno.

Según La Nación, desde hace tres años, vive junto a su pareja en una casa que construyeron ellos mismos en el Valle de Traslasierra, en la provincia argentina de Córdoba. Participan en redes como el Consejo de Asentamientos Sustentables de América Latina (CASA) y la Global Ecovillage Network (GEN), que conectan proyectos de vida sostenible por todo el mundo.

“La sustentabilidad ya no es suficiente. Tenemos que ir hacia la regeneración, colaborar activamente con la naturaleza”, explica Jerónimo. Su próximo objetivo es levantar en su finca una ecoescuela comunitaria. “Queremos crear un espacio donde la gente venga a aprender, a compartir, a conectar con la tierra”, cuenta.

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“Esto no es un retiro ni una pausa. Es un modo de vida. No estoy escapando, estoy volviendo a lo esencial”, concluye Jerónimo para La Nación, con la claridad de quien eligió un camino propio y no piensa mirar atrás.

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