Defensa

Daño colateral para Ucrania tras la ‘infidelidad’ de un aliado ruso con el programa más avanzado de EEUU

Turquía estudia devolver a Rusia sus sistemas antiaéreos S-400 para volver al programa de los cazas F-35, lo cual alivia a Estados Unidos y genera inquietud en Ucrania.

S-400 Turquía antimisiles
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Turquía estaría sopesando dar un giro estratégico muy importante: devolver a Rusia las cuatro baterías de defensa aérea S-400 que obtuvo hace años para poder reincorporarse al programa estadounidense de los cazas F-35. Esta maniobra evidenciaría un nuevo acercamiento de Turquía a Estados Unidos y tendría consecuencias directas en el contexto de la guerra entre Ucrania y Rusia, donde la superioridad aérea es cada vez más decisiva.

Según la información publicada por Bloomberg, la posible restitución de los S-400 fue uno de los asuntos tratados por los presidentes Recep Tayyip Erdogan y Vladímir Putin durante su reunión del 12 de diciembre en Turkmenistán. Estos sistemas antiaéreos, los cuales están considerados entre los más avanzados del arsenal ruso, permitirían a Moscú reforzar la protección de bases, aeródromos y puertos estratégicos en un momento en la que la presión militar ucraniana que no deja de aumentar.

Los S-400 están diseñados para derribar aviones de combate y misiles balísticos, y aunque no son muy eficaces contra drones que vuelan a baja altura, son especialmente peligrosos para la aviación ucraniana, que sigue operando en zonas clave del frente como Donetsk y Lugansk. Expertos en defensa apuntan que cuatro baterías podrían suponer una parte relevante del inventario ruso actual, mermado por las pérdidas sufridas durante el conflicto.

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Turquía quiere volver al programa F-35

En Ucrania, la noticia se recibe con preocupación desigual. Una fuente citada por Le Monde calificó la devolución de los S-400 como “la peor hipótesis posible”, al considerar que reforzaría directamente las capacidades defensivas rusas. Desde Kiev se mantiene la esperanza de que, en vez de volver a Moscú, los sistemas puedan ser transferidos a un tercer país, como India, cliente habitual del armamento ruso. Otros analistas ucranianos, no obstante, restan dramatismo al escenario y sostienen que su impacto no sería crítico, sino un nuevo objetivo a neutralizar.

La compra de los S-400 en 2017 supuso un punto de inflexión en las relaciones entre Turquía y sus aliados de Occidente. Dos años más tarde, la entrega de los sistemas llevó a Estados Unidos a expulsar a los turcos del programa F-35, a pesar de que el país era socio industrial y comprador del avión. Desde entonces, el asunto ha sido una fuente constante de tensiones diplomáticas.

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Actualmente, tras meses de acercamiento a Estados Unidos y a varias capitales europeas, el Gobierno turco parece dispuesto a desprenderse de unas baterías que asegura no haber utilizado nunca. A cambio, Turquía reclamaría el reembolso de los 2.200 millones de euros que costó el sistema. Desde Estados Unidos han dejado claro que, para volver al F-35, Turquía debe dejar de poseer y operar los S-400. Si se concreta, el movimiento supondría toda una victoria estratégica para USA, pero también un daño colateral para Ucrania en plena guerra aérea.

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