Así funciona el ICE de Trump en EEUU: agentes enmascarados, centros de detención...
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos ha duplicado su plantilla en el último año, poniendo el foco en las detenciones.


Desde su regreso a la Casa Blanca, una de las mayores preocupación del presidente Donald Trump ha sido la lucha contra la inmigración. En su discurso de investidura, Trump declaró la emergencia nacional en la frontera sur de Estados Unidos y aseguró que se detendría inmediatamente “toda entrada ilegal”.
La declaración de la emergencia nacional implicaba el despliegue de un mayor número de recursos por parte del Pentágono. Por ello, Trump decidió duplicar la plantilla del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), pasando de 10.000 a 22.000 efectivos. Este cuerpo, fundado en el año 2002 tras los atentados del 11-S en las Torres Gemelas, es el encargado del control de fronteras.
En estos meses que han pasado desde la vuelta de Trump, ha generado no poca controversia. Su objetivo inicial era el de combatir el terrorismo y el crimen organizado, pero desde el año pasado su principal cometido parece ser el de perseguir a toda persona sospechosa de estar indocumentada. Así, se han generado numerosas polémicas en el país norteamericano.
Su presupuesto es de unos 8.000 millones de dólares al año, que se reparten en tres divisiones diferentes: la Oficina de Detención y Deportación (encargada de hacer cumplir las leyes migratorias dentro y fuera de las fronteras), la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (que persigue a las organizaciones criminales transnacionales) y la Oficina de Asesor Jurídico Principal (encargada de litigar los casos de deportación ante tribunales migratorios).
Según la información oficial del ICE, la Oficina de Detención y Deportación (ERO) es la encargada del control migratorio. Y su principal cometido, lejos de estar en la frontera, tiene lugar dentro del propio país, identificando extranjeros “prioritarios” que se encuentran encarcelados en diferentes prisiones, a través de datos biométricos y biográficos.
Las fuerzas del orden locales y estatales cuentan con autoridad migratoria, teniendo capacitación y recursos para aplicar leyes migratorias en sus jurisdicciones. En la práctica, pueden arrestar a personas únicamente por su estatus migratorio ilegal, sin necesidad de cargos penales adicionales. Su agresividad ha ido en aumento desde el año pasado, llegando a matar a ciudadanos estadounidenses. El último, Alex Pretti.
Así, se enumeran redadas en ciudades como Minneapolis, Los Ángeles, Chicago o Nueva York. La forma de proceder es la siguiente: los agentes, en muchos casos enmascarados, localizan a sus objetivos en sus vecindarios, vehículos o colegios, los detienen, los trasladan a los centros de detención y los mantienen (en ocasiones) incomunicados durante días antes de ser deportados.
La cifra oficial de deportados durante todo el pasado año es de unas 605.000, además de otros 65.000 inmigrantes detenidos. Y hay más: 1,9 millones de personas optaron, ante la presión y las amenazas, por la “autodeportación voluntaria”.
Bovino, la cara visible del ICE
Las protestas, con el paso del tiempo, se han vuelto cada vez más comunes. Algunos ciudadanos ejercen como “observadores del ICE”, voluntarios que graban con sus teléfonos móviles los arrestos de otros ciudadanos. Además, siguen a los agentes en coches y advierten de su presencia a otros haciendo sonar silbatos y bocinas. Otros preparan obstáculos caseros para ralentizar las operaciones del ICE. Todo ello, sin tocar a los agentes, puesto que ello conlleva la detención inmediata.

Al frente de estas operaciones está Greg Bovino, el “comandante en jefe general” de la Patrulla Fronteriza, que deja ver su rostro en cada comparecencia. Bovino estuvo en las anteriores revueltas en Los Ángeles, Chicago, Charlotte, Nueva Orleans, y ahora en Minneapolis.
Críticas de Obama: “Esto tiene que terminar”
Las últimas actuaciones del ICE han llevado al expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, a pedir el final de estos actos. “El asesinato de Alex Pretti es una tragedia desgarradora. También debería ser una llamada de atención para todos los estadounidenses, independientemente de su partido, ante el creciente ataque a nuestros valores fundamentales como nación”, dice en una carta firmada junto a su mujer, Michelle Obama.
The killing of Alex Pretti is a heartbreaking tragedy. It should also be a wake-up call to every American, regardless of party, that many of our core values as a nation are increasingly under assault. pic.twitter.com/0JmEsJ1QFW
— Barack Obama (@BarackObama) January 25, 2026
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“Muchos de nuestros valores fundamentales como nación están cada vez más bajo ataque. Depende de nosotros, como ciudadanos, alzar la voz contra la injusticia, proteger nuestras libertades básicas y exigir responsabilidades al gobierno”, afirma. Igualmente, Obama califica estas actuaciones de “tácticas sin precedentes, vergonzosas, ilegales y crueles”.
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