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Descubren ataúdes colgantes en China: se trata de un hallazgo milenario con ancestros de personas que aún viven en la región

Para los Bo, la altura era símbolo de protección y prestigio, un pequeño grupo étnico que hoy sobrevive en la provincia china de Yunnan.

Descubren ataúdes colgantes en China: se trata de un hallazgo milenario con ancestros de personas que aún viven en la región
Xie Peixia/Asociación de Fotografía Folclórica de China y Oficina Municipal de Reliquias Culturales de Zhaotong
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Durante siglos, los acantilados del sur de China guardaron un enigma: cientos de ataúdes suspendidos en paredes rocosas, testigos silenciosos de una tradición funeraria tan espectacular como incomprendida. ¿Quiénes fueron aquellos pueblos que desafiaron la gravedad para honrar a sus muertos? La respuesta acaba de llegar, y no desde la arqueología, sino desde la genética.

Un estudio publicado en Nature confirma que los Bo, un pequeño grupo étnico que hoy sobrevive en la provincia china de Yunnan, son los descendientes directos de quienes practicaron esta costumbre hace más de 2.000 años. Los investigadores analizaron ADN de restos hallados en cuatro sitios con ataúdes colgantes y lo compararon con genomas de individuos vivos. El resultado: una línea genética que conecta a los Bo con poblaciones neolíticas del sur de China y el sudeste asiático, revelando una continuidad cultural de más de 4.000 años.

La práctica, que cesó en la dinastía Ming (siglos XIV-XVII), se originó en las montañas Wuyi, en Fujian, hace al menos 3.400 años. Pero su influencia se extendió por Tailandia, Laos, Vietnam y Taiwán, donde se han hallado variantes como los “ataúdes de troncos” en cuevas. Más allá del ritual, el hallazgo aporta una pieza clave para entender la historia de los pueblos tai-kadai, antepasados de millones en Asia.

Crónicas antiguas describían los ataúdes elevados como “auspiciosos”, y el folclore llamaba a los Bo “Hijos de los Acantilados” o “Subyugadores del Cielo”, atribuyéndoles incluso la capacidad de volar. Hoy, la ciencia desmonta el mito y lo reemplaza por algo igual de fascinante: la persistencia de una identidad que sobrevivió a imperios, fronteras y siglos.

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¿Por qué colgar a los muertos? Para los Bo, la altura era símbolo de protección y prestigio. Para nosotros, es una ventana abierta a la diversidad cultural que moldeó Asia. Y ahora, gracias a la genética, sabemos que esas huellas no solo están en los acantilados, sino también en la sangre de quienes aún llaman hogar a esas montañas.

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