Super Bowl LX Patriots vs Seahawks, el gran juego más improbable en la historia de la NFL
Pats y Seahawks con probabilidades históricas en contra, protagonizan el gran domingo que nadie imaginaba


Ningún voz con prestigio se atrevió a colocarlos junto al logo del gran juego. Ni en agosto, ni en septiembre, ni siquiera cuando el calendario empezó a comprimirse. Patriots y Seahawks llegaron al Super Bowl LX no como una revelación súbita, sino como una anomalía persistente que fue resistiendo cada intento de corrección de la lógica.
El domingo 8 de febrero, en el Levi’s Stadium de Santa Clara, la NFL presentará el partido que menos probabilidades tenía de existir desde que se registran apuestas de pretemporada. Rompieron la lógica y las probabilidades de los grandes analistas que colocan los momios.
New England comenzó la campaña con cuotas de 80-1 para ganar el título. Seattle lo hizo en 60-1. Juntas, 4,800-1. Ningún Super Bowl previo nació tan lejos del consenso.
New England, desde el fondo del mapa
El punto de partida de los Patriots fue áspero. Venían de un 4-14, últimos del Este de la AFC, con una ofensiva erosionada y una identidad extraviada tras años de transición. El primer verano de Mike Vrabel no prometía fuegos artificiales. El pronóstico más optimista hablaba de orden. El más realista, de supervivencia.
Drake Maye asumió la titularidad con el peso de una franquicia acostumbrada a la excelencia de Tom Brady. La línea ofensiva fue una incógnita desde el campamento. El calendario, aun siendo amable, no generaba expectativas de ruptura. El New York Times proyectó un 7-10 como techo razonable, un paso adelante sin alterar el paisaje.
Los Patriots comenzaron perdiendo partidos cerrados. A partir de octubre, algo cambió. El margen de error se redujo. Las posesiones largas empezaron a ser norma. La defensa, que fue alimentada en la agencia libre comenzó a convertir terceros downs en territorios hostiles.
Sam Darnold recibe la bendición de Russell Wilson en Seattle
Vrabel impuso un ritmo que no dependía de la explosión, sino de la repetición. Maye dejó de forzar ventanas imposibles y empezó a castigar coberturas intermedias. Los Patriots no se volvieron espectaculares. Se volvieron incómodos. Ganaron partidos que no dominaban y sostuvieron ventajas mínimas como si fueran extensiones naturales del reloj.
El cierre de temporada fue una acumulación silenciosa. Terminaron con el título divisional.
Seattle, una defensa que empujó todo
Seattle inició el año desde un punto menos dramático, pero igualmente alejado del foco. Su 10-7 previo los colocaba en la zona media de la conversación. El verdadero capital estaba del lado defensivo.
Mike Macdonald entró a su segundo año con el sistema intacto. La continuidad fue la excepción en una liga que suele reiniciarse cada enero. La defensa terminó como la número uno en puntos permitidos, mejorando desde el lugar 11 del año anterior y consolidándose como una unidad que acortaba el campo serie tras serie.
Devon Witherspoon se convirtió en un factor constante en cobertura y apoyo contra la carrera. Leonard Williams sostuvo la línea y dominó sin aparecer en los resúmenes deportivos. Seattle no lideraba la liga en defensa desde 2015.
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— Super Bowl (@SuperBowl) January 26, 2026
El interrogante estaba del otro lado del balón. Sam Darnold llegó al año con una narrativa escrita de antemano. Talento suficiente, ejecución irregular, dudas en los momentos grandes. Durante la temporada regular, su rol fue funcional. Evitar errores, aprovechar campo corto, permitir que la defensa dictara el ritmo.
En playoffs, el escenario cambió. Darnold no sólo protegió el balón. Produjo. Su registro de +0.47 EPA por jugada de pase fue el cuarto mejor de cualquier quarterback de los Seahawks en 30 partidos de postemporada disputados este siglo. Esa cifra superó, además, cualquier desempeño de un mariscal de campo de Minnesota en playoffs desde que la familia Wilf adquirió a los Vikings hace 20 años.
Seattle avanzó con una fórmula clara. Defensa dominante, control territorial y un quarterback que, por primera vez, ejecutó sin el peso de sus versiones anteriores.
El contexto histórico
Desde 1989, sólo tres Super Bowls han presentado probabilidades combinadas superiores a 1,000-1. Patriots y Seahawks encabezan esa lista.
En 1999, Rams y Titans alcanzaron 4,500-1 en un relato que transformó a Kurt Warner de incógnita a símbolo. En 2021, Bengals y Rams llegaron con 1,800-1. Ninguno partió desde un territorio tan remoto como el de este Super Bowl LX.
Este partido no es una revancha, aunque la memoria viaje a Arizona. Es la confirmación de que incluso en la liga más estructurada del deporte profesional, los márgenes aún permiten fugas.
El 8 de febrero, cuando el balón vuele en Santa Clara, no se enfrentan dos equipos que el sistema esperaba. Se enfrentan dos que sobrevivieron a él.
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Fuente Pro Football Reference
| Campaña | Equipo AFC | Probabilidad AFC | Equipo NFC | Probabilidad NFC | Probabilidad combinada |
|---|---|---|---|---|---|
| 2025 | Patriots | 80-1 | Seahawks | 60-1 | 4800-1 |
| 1999 | Titans | 30-1 | Rams | 150-1 | 4500-1 |
| 2021 | Bengals | 150-1 | Rams | 12-1 | 1800-1 |
| 2000 | Ravens | 22-1 | Giants | 60-1 | 1320-1 |
| 2003 | Patriots | 15-1 | Panthers | 60-1 | 900-1 |
| 2008 | Steelers | 18-1 | Cardinals | 50-1 | 900-1 |
| 2015 | Broncos | 9-1 | Panthers | 60-1 | 540-1 |
| 2016 | Patriots | 6-1 | Falcons | 80-1 | 480-1 |
| 2005 | Steelers | 12-1 | Seahawks | 40-1 | 480-1 |
| 1998 | Broncos | 6-1 | Falcons | 60-1 | 360-1 |
| 2009 | Colts | 14-1 | Saints | 20-1 | 280-1 |
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