Julio Urías, antiguo as de los Dodgers, reaparece en México tras años en el anonimato
Después de ser estrella en MLB, el pitcher fue visto entrenando con un grupo de niños tras su caso de violencia doméstica


Julio Urías dejó de lanzar en Grandes Ligas una noche cualquiera que terminó pesando más que muchas victorias. El 1 de septiembre de 2023 salió del montículo tras cinco innings y cinco carreras permitidas ante Atlanta. Cargó con la derrota. Tres días después, su nombre abandonó las páginas deportivas para instalarse en otras secciones. Fue arrestado por cargos de violencia doméstica. El segundo episodio de esa naturaleza en su expediente. Desde entonces, el zurdo más dominante que produjo México en décadas desapareció del radar público.
No hubo comunicados personales ni mensajes en redes sociales. Ninguna imagen de entrenamientos privados ni de sesiones de bullpen. Urías entró en una especie de silencio autoimpuesto mientras la MLB investigaba el caso bajo su política de violencia doméstica. Para entonces se encontraba en el último año de su contrato con los Dodgers y su siguiente firma apuntaba a una cifra superior a los 200 millones de dólares.
El mercado lo esperaba
Su historial deportivo era sólido y reciente. Campeón de Serie Mundial en 2020. Líder de victorias en toda la liga en 2021 con 20. Finalista al Cy Young y al MVP en 2022. Un abridor zurdo con control y una narrativa que iba del origen humilde en Sinaloa al centro del negocio más exigente del deporte. Todo eso quedó en pausa en cuestión de días.
La oficina del comisionado cerró la investigación meses después. Rob Manfred anunció que Urías había violado la política de MLB y aplicó una suspensión que se extendió hasta mediados de la temporada de 2025. No hubo apelación pública ni defensa mediática. El castigo se cumplió lejos del diamante y también lejos de los focos.
Desde entonces, el anonimato fue casi absoluto. Ningún equipo mostró interés formal. Ningún intento visible de regresar por la puerta lateral del sistema. Urías quedó fuera de la conversación en un deporte que rara vez espera. Su ausencia se volvió costumbre.
Hasta ahora.
En días recientes, una fotografía tomada en un restaurante de Meoqui, Chihuahua, devolvió su rostro al espacio público. Sin uniforme. Sin contexto deportivo. Sólo un exjugador reconocido por aficionados locales. La imagen se volvió viral y activó especulaciones automáticas sobre un posible regreso.
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Poco después ocurrió algo más elocuente. En Salón de Actos, una comunidad de apenas 600 habitantes en el municipio de Rosales, Chihuahua un grupo de niños entrenaba sin saber quién estaba por llegar. Era lunes por la tarde. Urías apareció sin anuncio previo. Saludó. Tomó un guante. Se integró al entrenamiento como uno más. Lanzó. Fue la primera vez que se le vio tirar una pelota en público desde septiembre de 2023.
La escena fue en un campo modesto en el norte de México. No había cámaras oficiales ni discursos. Sólo béisbol elemental y un nombre que alguna vez llenó estadios. El zurdo estaba ahí, sin contrato, sin estatus definido, a la espera de que alguien decida si todavía hay espacio para él en el juego profesional.
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El futuro de Julio Urías no depende sólo de su brazo. Depende de una liga que ha endurecido sus criterios y de una industria que mide el talento junto con el costo reputacional. Su historia ya no se escribe únicamente con estadísticas. Ahora se mueve en un terreno incómodo donde el rendimiento pasado no garantiza segundas oportunidades.
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