Driveline Baseball, la fábrica de talento que cambió el desarrollo de jugadores en MLB
De un garaje a influir en casi todos los clubes de MLB, conoce la compañía que está transformando el juego


Durante años, cuando un lanzador joven subía de velocidad de forma abrupta o un bateador reaparecía con un swing nuevo y más violento, la pregunta flotaba en los pasillos del béisbol como un murmullo que ya no necesitaba respuesta. ¿Pasó por Driveline?
Hoy, Driveline Baseball no es sólo una empresa de desarrollo de jugadores basada en datos. Es un punto de referencia cultural. Un nombre que se pronuncia con familiaridad en oficinas centrales, en jaulas de bateo y en vestidores de ligas menores. Para una generación completa de peloteros jóvenes, Driveline dejó de ser un laboratorio para convertirse en una escala obligatoria del camino profesional.
Fundada en 2007 por Kyle Boddy, Driveline tardó casi una década en convertirse en lo que es ahora. Su explosión coincidió con la llegada de Statcast, con la normalización de TrackMan y con un beisbol que dejó de desconfiar de la ciencia para empezar a exigirla. Primero fueron los pitchers. Luego, todo lo demás.
El punto es simple. Si tu brazo dolía, si tu mecánica filtraba velocidad, si tu repertorio estaba estancado, aquí había cámaras, sensores y gente capaz de explicarte por qué. Y cómo arreglarlo. Driveline se volvió el lugar al que iban los pitchers cuando querían recuperar carreras que parecían terminadas o construir otras que todavía no existían.
110.6 MPH EV with a 50oz bat 😳 (smashball)
— Driveline Baseball (@DrivelineBB) February 7, 2026
Watch the full swing design with Hitting Trainer @kozy_shack and @Dodgers John Rhodes on YouTube ⬇️ pic.twitter.com/BLIbUxeKUg
La incubadora de entrenadores que MLB empezó a copiar
El fenómeno no se quedó en los jugadores. Driveline empezó a formar entrenadores con un idioma nuevo, uno que mezclaba biomecánica, análisis de movimiento y sentido común. No es casualidad que cerca de 100 exempleados estén hoy repartidos por las Grandes Ligas, muchos de ellos en puestos de decisión.
Los Nationals de Washington son un ejemplo reciente. Su nuevo entrenador de pitcheo, Simon Mathews, pasó por Driveline antes de especializarse en rehabilitación con los Reds y escalar en el béisbol profesional. En ligas menores, Luke Dziados refuerza esa misma línea.
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El presidente de operaciones de Nationals, Paul Toboni buscó mentes jóvenes, entrenadores capaces de dialogar con datos sin olvidar el terreno. Driveline se volvió una cantera natural. Una incubadora donde el error no se castiga, se mide.
Boston llevó el modelo más lejos. Los Red Sox emplean a una docena de exDriveline, incluido el propio Boddy como asesor de la gerencia. La creación de su departamento de ciencias del beisbol, hoy dirigido por David Besky, también tiene ADN Driveline.
Cuando el bateo entró al laboratorio
Durante años, Driveline fue sinónimo de pitcheo. Eso empezó a cambiar de forma silenciosa y definitiva en 2020. En sus instalaciones de 15,000 pies cuadrados en Kent, Washington, los bates rotos colgados en la pared funcionan como trofeos. No como decoración,son evidencia.
El entrenamiento ofensivo ahí se basa en condiciones extremas. Plataformas de fuerza. Sensores Blast Motion. Ocho cámaras Edgertronic capturando cada microsegundo del swing. El objetivo no es estético. Es medible. Velocidad del bate.
La ecuación que Driveline repite a sus bateadores es directa. Cada una milla por hora adicional de velocidad del bate se traduce en 1.2 mph más de velocidad de salida y cerca de 7 pies extra de distancia, todo basado en la física.
El efecto Ohtani
Ese enfoque sedujo a organizaciones completas y a jugadores de élite. Shohei Ohtani llegó a Driveline en octubre de 2020 buscando arreglar su pitcheo tras una temporada desastrosa. Aceptó probar el programa de bateo casi por curiosidad. Un mes después había roto tres bates compuestos y redefinido su base mecánica.
Stokey, uno de los arquitectos del programa ofensivo, entendió entonces que estaba frente a algo distinto. Ohtani conectaba pelotas a más de 160 km/h incluso en swings imperfectos. Al año siguiente empezó una racha histórica que lo llevó a ganar cuatro premios MVP en cinco temporadas. D
Desde entonces, hasta 40 bateadores de Grandes Ligas han pasado por esas jaulas. El prestigio se construyó por contagio.
LOGAN O’HOPPE WITH 112.2 MPH EV 🚨
— Driveline Baseball (@DrivelineBB) February 7, 2026
The @Angels catcher claims the top spot on the FL MoCap leaderboard 💥 pic.twitter.com/OBg9UFuRyh
Driveline como apellido común
Hoy, jugadores de ligas menores llegan a organizaciones profesionales habiendo pasado cuatro o cinco años rodeados de sensores, HitTrax y máquinas de pitcheo que mezclan envíos. No les asustan los datos. Los buscan. Driveline no creó esa generación, pero la entrenó para sobrevivir en ella.
Kyle Boddy nunca renegó del mote de nerd. Tampoco de la tradición. Para él, Ted Williams sigue siendo el mejor libro de bateo jamás escrito. La diferencia es que ahora esa tradición se valida con números, no se contradice.
“Soy parte del grupo de los nerds”, dijo Boddy, asesor principal del director de beisbol de los Red Sox, Craig Breslow. “No pretendo excluirme”.
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Boddy entiende la crítica. El riesgo de formar bateadores obsesionados con la jaula y no con la situación de juego existe. Pero también sabe que los mejores equipos siguen haciendo contacto. Que los datos no juegan, pero ayudan a entrenar mejor a quienes sí lo hacen.
Driveline nació para evitar lesiones en jóvenes que lanzaban 200 pitcheos por juego. Terminó moldeando la manera en que MLB piensa el desarrollo. ¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí


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