Los arrestos y deportaciones podrían dispararse en 2026: El ICE se fortalece y duplica el número de agentes
Más agentes, más arrestos... el 2026 se alista para una nueva era de deportaciones en Estados Unidos.


Una ola silenciosa, pero potente, sacude las calles y los pasillos de las comunidades migrantes de Estados Unidos, ya que, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha anunciado un crecimiento sin precedentes en su fuerza operativa, duplicando el número de agentes desplegados en todo el país y encendiendo alarmas tanto en Washington como en barrios donde miles de familias latinas y migrantes han vivido por décadas.
En los primeros días de 2026, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) confirmó que el ICE pasó de aproximadamente 10,000 agentes a más de 22,000 tras una agresiva campaña de reclutamiento que sobrepasó expectativas y objetivos iniciales. La iniciativa, descrita por las autoridades como una “contratación histórica”, atrajo cerca de 220,000 solicitudes a nivel nacional, impulsada por incentivos como bonificaciones, eliminación de límites de edad y una narrativa de “defensa patriótica” del país.
HISTORIC HIRING.@ICEgov has a 120% increase in NEW agents hitting the streets this year, rising to 22,000 from 10,000.
— Homeland Security (@DHSgov) January 2, 2026
With this new manpower of patriots, we will do what they told us would be impossible.
Stay tuned.@TriciaOhio pic.twitter.com/HUyIUE7Q22
Los arrestos y deportaciones podrían dispararse en 2026
Pero detrás de los números y los eslóganes oficiales, que hablan de fortalecer la aplicación de la ley y proteger las fronteras. emergen preguntas inquietantes: ¿Qué implicará para millones de personas indocumentadas y sus comunidades? Organizaciones defensoras de derechos humanos advierten que el aumento exponencial de agentes podría traducirse en más operativos, redadas y deportaciones aceleradas, reavivando temores que muchos pensaban quedaban en el pasado tras los debates migratorios de años recientes.
Para familias como la de una persona que prefirió no revelar su identidad, una madre mexicana que vive en Texas desde hace más de una década, la noticia se siente tan distante como real. “Cada vez que suena un helicóptero o veo un patrullaje diferente en mi barrio, me tiemblan las piernas”, confiesa. “No sé si esto significa que mañana pueden venir por mi vecino… o por mí”. Estas voces ilustran una ansiedad palpable que no siempre entra en los comunicados oficiales, pero que se siente en corrillos de negocios, escuelas y parques de ciudades con gran presencia migrante.
Los defensores de inmigrantes han señalado además que el lanzamiento de esta poderosa maquinaria coincide con políticas que buscan acelerar las deportaciones y endurecer el control interno, con especial énfasis en detener a personas sin antecedentes criminales graves. Para ellos, la histórica contratación no solo fortalece la capacidad operativa del ICE, sino que amplifica una estrategia de disuasión migratoria cuyo impacto social podría ser profundo y duradero.
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Funcionarios del DHS, por su parte, insisten en que este refuerzo permitirá proyectos de “arrestos más eficaces y un cumplimiento más riguroso de las leyes migratorias”, y aseguran que los agentes están siendo capacitados para actuar con profesionalismo y respeto a los derechos civiles. La realidad sobre el terreno, sin embargo, aún se escribe en tiempo real, entre incertidumbres, críticas y una población que observa con cautela cada movimiento de una agencia que hasta hace poco era significativamente más pequeña.
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