La sanción que podrían tener los Clinton por negarse a declarar en la investigación sobre Epstein
La negativa de los Clinton a declarar reaviva la investigación Epstein y abre la puerta a un inédito escenario de desacato en el Congreso.


En un giro inédito que ha encendido aún más la ya tensa política estadounidense, Bill y Hillary Clinton anunciaron que no comparecerán ante el Congreso para testificar en la investigación sobre el financiero Jeffrey Epstein, a pesar de la amenaza de sanciones que podrían incluir un proceso por desacato al Congreso si persisten en su negativa.
La pugna entre los exlíderes demócratas y el comité de la Cámara de Representantes, controlado por republicanos, escaló esta semana tras una carta conjunta enviada al presidente del Comité de Supervisión, el representante James Comer. En ella, los Clinton calificaron las citaciones como “legalmente inválidas” y un intento de convertir la investigación en un instrumento político más que judicial.
Los Clinton se niegan a testificar en la investigación del Congreso sobre Epstein pese a la amenaza de desacato https://t.co/05KhbZdTgW
— CNN en Español (@CNNEE) January 13, 2026
La sanción que podrían tener los Clinton
Comer había citado a Bill Clinton para una deposición a puertas cerradas este martes y, fijado el miércoles para Hillary Clinton, en el marco de un examen más amplio sobre la gestión del caso Epstein por parte del gobierno federal y los vínculos de figuras de alto perfil con el financiero condenado.
Sin embargo, ninguno de los dos se presentó, dando lugar a una respuesta firme del republicano, quien anunció que la próxima semana podría iniciar el proceso formal para declarar a Bill Clinton en desacato, con la posibilidad de llevar la medida al pleno de la Cámara y, eventualmente, a los tribunales.
Aunque ninguno de los Clinton ha sido acusado de ningún delito en relación con Epstein, los críticos señalan que el expresidente voló en el avión privado de Epstein en numerosas ocasiones en el pasado y que su relación con el polémico financiero merece aclaraciones públicas más profundas.
Para los Clinton, el enfrentamiento trasciende la simple citación, pues, en su misiva defienden que ya han proporcionado toda la información relevante que poseen y que la insistencia en obligarlos a testificar, cuando otros funcionarios han declinado comparecer en persona, demuestra un sesgo contra ellos.
Este choque ocurre en un contexto político ya cargado, donde la investigación de Epstein se ha convertido en un terreno de confrontación entre legisladores que buscan responsabilizar a figuras públicas y quienes denuncian un uso partidista del poder. En medio de esas tensiones, la posibilidad de que dos de las figuras políticas más prominentes de las últimas décadas enfrenten cargos por desacato, una herramienta rara vez invocada, pone en entredicho no solo su legado, sino también los límites del poder legislativo para compelir testimonio de exfuncionarios de alto rango.
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