Explota la crisis de los homeless en Nueva York: este es el primer gran reto de Mamdani
El nuevo alcalde enfrenta una crisis humana y política que pone a prueba su visión desde el primer día.


Cuando Zohran Mamdani, el alcalde electo de Nueva York, se prepara para tomar posesión este 1 de enero de 2026, la ciudad se enfrenta a uno de los desafíos más visibles y urgentes de su historia reciente, que es la crisis de las personas sin hogar en las calles. Lo que para muchos neoyorquinos es una realidad cotidiana, grupos pernoctando bajo carpas en banquetas, estaciones de metro y plazas, se ha transformado en una prueba temprana para un liderazgo que prometió cambios profundos desde la campaña.
Durante los últimos años, la administración del saliente alcalde Eric Adams insistió en un enfoque de “sweeps”, mejor conocidos como los operativos para desmantelar campamentos y desplazar a las personas sin hogar, con el respaldo del NYPD y múltiples agencias que, según datos revisados por medios locales, llevaron a cabo más de 4,100 intervenciones entre enero de 2024 y junio de 2025, ubicando aproximadamente a 6,000 personas y ofreciendo refugios temporales a solo un puñado de ellas.
As Mamdani takes office, street homelessness emerges as one of NYC's biggest tests https://t.co/QlY0sZ9ESg
— Gothamist (@Gothamist) December 27, 2025
Explota la crisis de los homeless en Nueva York
Mamdani ha marcado un claro quiebre con esa estrategia. Sostiene que mover a las personas de un lugar a otro sin ofrecer soluciones duraderas no es solo inefectivo, sino inhumano, y ha prometido poner fin a las limpiezas de campamentos cuando asuma el cargo. En su lugar, aboga por conectar a aquellos que viven en la calle con viviendas reales, ya sean de apoyo, alquiler asequible u otras formas de alojamiento estable y, mejorar el acceso a servicios integrales.
Este viraje ha encendido una batalla política en plena transición. Adams ha calificado la decisión de “pesadilla de calidad de vida”, argumentando que las intervenciones eran necesarias para mantener el orden y ofrecer alternativas. Sus defensores consideran que sin una estructura formal de refugio y atención, las personas sin hogar quedarán expuestas a condiciones más peligrosas.
Los datos muestran que las quejas relacionadas con la indigencia aumentaron de manera desproporcionada en los últimos años, incluso más rápido que la misma población sin hogar de la ciudad, y que solo una pequeña proporción de quienes fueron desplazados llegaron a soluciones de vivienda permanentes. El reto para Mamdani es complejo, pues no solo debe diseñar políticas que intenten cerrar esa brecha, sino también navegar por un sistema fragmentado de agencias, organizaciones comunitarias y presiones políticas que históricamente han dificultado una respuesta unificada.
Su victoria electoral, que lo catapultó como un líder progresista con propuestas audaces, desde congelar rentas hasta ampliar facilidades sociales, coloca ahora bajo escrutinio cómo traduce ideas en resultados concretos. Si bien muchos aplauden el cambio de rumbo, otros advierten que sin infraestructura y recursos adecuados, la situación podría complicarse aún más, haciendo de la crisis de los homeless el primer gran examen de su administración.
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En las próximas semanas, las decisiones que tome Mamdani sobre cómo abordar de raíz la falta de vivienda definirán no solo su estilo de liderazgo, sino la vida diaria de miles de neoyorquinos que esperan algo más que promesas, como soluciones con impacto real.
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