Así se dio la compra de Alaska entre Estados Unidos y Rusia: acabó por ser uno de los mayores negocios de la historia
Este fin de semana, Donald Trump y Vladimir Putin se reunieron en Alaska, un territorio que hace más de 150 años le pertenecía a Rusia.


Este fin de semana, el presidente Trump se reunió con su homólogo de Rusia, Vladimir Putin, en Anchorage, Alaska, para discutir un posible alto en la guerra con Ucrania. La sede de la reunión no fue elegida al azar, sino de manera estratégica y, hasta cierto punto, con un simbolismo histórico.
Alaska no está lejos de Rusia. Los territorios sólo están separados por el estrecho de Bering, que mide poco más de 80 kilómetros en su punto más angosto, por lo que es “bastante lógico” que el kremlin “simplemente sobrevolara el estrecho y que una cumbre tan importante y esperada de los líderes de ambos países se celebre en Alaska”, explicó el asistente presidencial ruso, Yuri Ushakov, según declaraciones recogidas por la BBC.
En cuanto al simbolismo histórico, hace poco más de 150 años, este territorio pertenecía a la misma Rusia. No obstante, en 1867, el país decidió venderlo a Estados Unidos por sólo 7,2 millones de dólares, que equivaldrían a poco más de $150 millones de dólares con la inflación actual, siendo una de las peores negociaciones comerciales en la historia.

La vez que Rusia vendió Alaska a Estados Unidos: así se dió su mayor error comercial
Según historiadores, luego de que el imperio ruso descubriera que Alaska no estaba unido a su continente, comenzaron a explorarlo, reclamándolo como su territorio en el siglo XVIII. A partir de entonces, se estableció un comercio rentable de pieles, especialmente de nutrias marinas, entre Europa, Asia y la costa del Pacífico de Norteamérica. No obstante, con el paso de los años, la competencia con comerciantes británicos y estadounidenses, aunado a la sobreexplotación de animales y problemas políticos, como la Guerra de Crimea, hicieron que Rusia estuviera dispuesto a vender el territorio.
En 1867, el secretario de Estado de Estados Unidos, William Seward, acordó con el zar Alejandro II comprar Alaska por 7,2 millones de dólares. En aquel entonces, los estadounidenses lo vieron como toda una “locura”, ya que pensaban que Alaska no era más que una tierra fría y sin valor. Sin embargo, el paso del tiempo demostró lo contrario.
Poco después de la compra, los estadounidenses descubrieron oro y enormes reservas de petróleo, posicionando al territorio como una fuente clave de ingresos para el país. En la actualidad, vivir en Alaska es tan rentable que el gobierno estatal ofrece dinero a sus ciudadanos solo por vivir allí, esto, gracias a las ganancias de miles de millones de dólares, obtenidas del petróleo.
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A nivel estratégico, la ubicación de Alaska beneficia por completo a los Estados Unidos, pues gracias a su cercanía con Rusia, este territorio se volvió clave durante la Guerra Fría, sin mencionar que destaca por ser el estado más grande de toda la Unión Americana.
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