Tim Bender, CEO de Hooded Horse: “Los estudios indie deberían evitar a las editoras indie, la mayoría son depredadores”
El máximo responsable de Hooded Horse cuestiona abiertamente el modelo de muchas editoras independientes y defiende la autopublicación.


Tim Bender, CEO de Hooded Horse, ha afirmado que los estudios independientes deberían evitar, siempre que puedan, a las distribuidoras indie, porque “la mayoría son depredadores y oportunistas”. No habla de casos aislados ni de excepciones desafortunadas, sino de una dinámica que, a su juicio, se ha normalizado en el ecosistema independiente a medida que el mercado se ha saturado de proyectos y acuerdos rápidos.
La paradoja es evidente. Bender dirige una editora independiente que ha ganado visibilidad y prestigio gracias a su especialización en juegos de estrategia y gestión, con títulos como Manor Lords convertidos en referentes recientes. Precisamente por eso su diagnóstico resulta chocante. No es la crítica de alguien ajeno al sistema, sino la de una figura que opera dentro de él y que reconoce sin rodeos sus zonas más oscuras. Según explica, demasiadas editoras pequeñas funcionan hoy como intermediarios de bajo valor añadido, más preocupados por firmar volumen que por acompañar de verdad a los estudios con los que trabajan.

En ese modelo, sostiene Bender, el riesgo se desplaza casi por completo hacia el desarrollador. Las cláusulas de recoup, que priorizan la recuperación de la inversión del publisher antes de que el estudio vea ingresos, se combinan con calendarios de lanzamientos abultados y con una atención desigual, centrada sólo en aquellos proyectos que empiezan a despegar por sí mismos. El acompañamiento prometido (marketing, posicionamiento, control de calidad o asesoramiento estratégico) se diluye, y el contrato acaba siendo poco más que una puerta de entrada a una visibilidad incierta.
Frente a esa situación, el mensaje de Bender es una llamada a la cautela. Recomienda investigar a fondo a cualquier editora antes de firmar, revisar su historial, observar cuántos juegos publica al año y qué ocurre con ellos tras el lanzamiento. También señala que, en el contexto actual, la autopublicación es una opción más viable que nunca para determinados estudios, gracias a herramientas, comunidades y datos que hace una década no existían. Si la propuesta no está clara o el valor añadido no es tangible, quizá sea mejor no firmar.
La reflexión va más allá del caso concreto y pone en cuestión una idea muy arraigada en el sector: que lo “indie”, por definición, es más justo, más cercano o más ético. Bender rompe esa asociación automática y recuerda que el tamaño no protege de las malas prácticas, sólo las vuelve menos visibles. En un mercado cada vez más competitivo, su advertencia funciona como recordatorio de que, también en lo independiente, conviene mirar el contrato con la misma desconfianza que se reserva a los grandes nombres.
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