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‘Poquita fe’ (Temporada 2): vivienda, humor y rutina en ocho píldoras que se ven de un tirón

Una segunda temporada que sigue estando repleta de delirantes situaciones cotidianas y chistes que funcionan.

Poquita fe Temp 2
Roberto Hernández
Director de MeriStation y subdirector de AS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense, llegó a AS en 1996 tras 8 años en Diario 16. En 2020 fue nombrado de director de MeriStation y subdirector de AS. Desde 2024 es responsable de la información no deportiva de la web.
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(4 estrellas)

Han pasado dos largos años desde el estreno de la primera temporada de Poquita fe, una comedia excelente que abordaba con ternura y sarcasmo la crisis existencial de una pareja consolidada de clase media. Su regreso llegaba con el temor de no estar a la altura, pero sus creadores, Pepón Montero y Juan Maidagán, siguen en estado de gracia.

Esta segunda entrega articula su trama en torno a un problema tan cotidiano como universal: la búsqueda de una vivienda digna. Lo hace sin perder el tono fresco y blanco que mezcla lo absurdo con lo costumbrista, y que ya definía la primera temporada.

Humor cotidiano y personajes entrañables

El gran acierto de Poquita fe sigue siendo su pareja protagonista: Raúl Cimas y Esperanza Pedreño, que parecen haber nacido para interpretar a José Ramón y Berta. En esta temporada, los personajes secundarios ganan protagonismo y permiten abrir nuevas historias: los padres de ella, su hermana, la madre de él y los distintos amigos. Todos ellos representan estereotipos reconocibles de la sociedad actual, tratados con un tono de cuñadismo ilustrado que funciona.

Ritmo ágil y crítica amable

Los ocho episodios, de apenas 20 minutos cada uno, están repletos de situaciones delirantes y chistes que, curiosamente, funcionan en su gran mayoría. El ritmo alto invita a verlos de un tirón, lo que deja una sensación de que se acaban demasiado pronto. Nos quedamos con ganas de más.

Eso sí, hay un abuso de la ruptura de la cuarta pared, que en ocasiones genera desconexión entre lo que los personajes dicen y lo que realmente piensan. Aun así, la serie mantiene su coherencia estilística y evita caer en el sermón político, incluso cuando aborda temas como el acceso a la vivienda.

Por ahí desfilan pisos patera, zulos, infraviviendas y, cómo no, el último refugio: la casa de los padres, convertida en un divertido infierno generacional.

‘Poquita fe’ (Temporada 2): vivienda, humor y rutina en ocho píldoras que se ven de un tirón

¿Merece la pena ver ‘Poquita fe’ (Temporada 2)?

  • Los ocho episodios saben a poco: se ven volando.
  • Raúl Cimas y Esperanza Pedreño vuelven a estar espléndidos.
  • Los secundarios abren nuevas historias con acierto.
  • La serie merece una tercera temporada. Esperemos que la espera no sea tan larga.

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