Gabi, influencer: “Cuando pasamos los 30 no es que no empiecen a gustarnos los videojuegos, el problema siempre es el tiempo”
Un clip en TikTok reactiva una conversación conocida por cualquiera que combine trabajo, casa y cansancio.


“Cuando pasamos los 30 no es que no empiecen a gustarnos los videojuegos, el problema siempre es el tiempo”. La reflexión de millennialgabi en TikTok ha circulado con fuerza porque desplaza el foco del prejuicio a la logística. No habla de abandonar el hobby, sino de lo difícil que resulta sostenerlo cuando la vida adulta compacta cada jornada hasta dejar el ocio en los márgenes.
@millennialgabi El problema no son los videojuegos. Es el tiempo. La industria no para, pero nuestra vida sí cambia. Trabajo, cansancio, responsabilidades… y aun así seguimos buscando ese rato para jugar. No hemos perdido la pasión. Hemos aprendido a elegir. Si alguna vez has sentido esto, no eres raro. Nos pasa a muchos. #videojuegos #vidagamer #gamerentiktok #millennialsoftiktok #gamerlife
♬ Piano Emotional - Raw Vibrations
En el clip, el creador insiste en una sensación reconocible: “no es falta de ganas lo que tenemos, es que la vida nos obliga a priorizar”. El trabajo a jornada completa, las responsabilidades domésticas y la necesidad de descansar convierten cada partida en una decisión consciente: “ahora lo que hacemos es algo que antes no hacíamos; que es elegir”, viene a explicar.
El mensaje conecta con una realidad ampliamente documentada. En España, el videojuego es un consumo mayoritariamente adulto: millones de jugadores se concentran entre los 25 y los 44 años, con un peso especialmente alto en la franja de 35 a 44. A escala internacional, la edad media del jugador global es de 41 años, y hay casi la misma proporción de hombres (51%) que de mujeres (48%). La edad media del jugador ronda la treintena larga y el porcentaje de adultos que juegan de forma regular supera con holgura al de adolescentes. El tópico del videojuego como pasatiempo juvenil hace tiempo que no encaja con los números.
Por eso, como apunta el propio millennialgabi, “simplemente, estamos aprendiendo a encajar los videojuegos en una vida adulta”. El resultado es un cambio de hábitos: partidas más cortas, títulos pensados para sesiones breves, dificultad modulable y una preferencia clara por experiencias que respeten el tiempo del jugador.

Ese ajuste también explica por qué el consumo no cae al mismo ritmo que el tiempo disponible. El gasto y el interés se mantienen estables, pero el patrón vira hacia juegos por sesiones, servicios que permiten entrar y salir sin fricción y plataformas que acompañan ratos muertos. La identidad del jugador adulto deja de medirse por horas acumuladas para pasar a hacerlo por constancia intermitente.
La clave del mensaje de millennialgabi está en no dramatizarlo. No hay nostalgia ni reproche, sólo constatación. Jugar después de los 30 no es imposible. Es, simplemente, más caro en horas. No hay nostalgia ni reproche, sólo constatación. Jugar después de los 30 no es imposible. Es, simplemente, diferente.
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