Andrew Ryan, villano de BioShock: “El hombre elige, el esclavo obedece”
Recordamos el verdadero significado de una de las frases más memorables de Andrew Ryan, uno de los antagonistas principales del mítico BioShock.


Hay frases que definen a un personaje, y otras que desenmascaran al propio jugador. BioShock (2007) fue uno de los títulos más icónicos de la generación de PlayStation 3 y Xbox 360, y estuvo íntimamente ligado al ADN de la consola de Microsoft debido a su exclusividad temporal en las máquinas de sobremesa. Este videojuego de 2K Games dejó para el recuerdo a uno de los villanos más inolvidables de los videojuegos: Andrew Ryan. Su visión descarnada y cínica del objetivismo randiano quedó reflejada en su frase más famosa, que vino acompañada de una gran revelación a nivel argumental.
BioShock, Andrew Ryan, Ayn Rand y el individualismo llevado al límite
“El hombre elige, el esclavo obedece”. Casi veinte años después, aún resuenan los ecos de esta cita tan reconocible como repetida hasta la saciedad por fans y la prensa de la época. Se trataba de una ocurrencia de Andrew Ryan, uno de los dos antagonistas principales de BioShock, padre genético del protagonista del juego y arquitecto de Rapture, la ciudad submarina en la que transcurría la aventura.
Este videojuego integró —y criticó— de manera solvente varias de las ideas de algunos de los pensadores y escritores más brillantes del siglo XX, como Ayn Rand, Aldous Huxley o George Orwell, especialmente en materias filosóficas como los conceptos de utopía, distopía e individualidad. A nivel funcional, Ryan encarnaba el ideario de Rand —no era casualidad que su nombre fuese casi un anagrama del de la intelectual ruso-americana—, llevando hasta el extremo el verdadero significado de la libertad personal.
Cerca del final del juego, Andrew Ryan revelaba a Jack, el personaje controlable, que fue programado desde su nacimiento con una frase activadora que haría que se sometiese a la voluntad de quien la conociese. “¿Enviaron a un hombre a matar, o a un esclavo?“, gritaba un desafiante Ryan. “Detente, ¿quieres? ‘Quieres’. Una frase poderosa. Una frase familiar“, para acto seguido demostrar que el jugador no había sido más que una marioneta atrapada en la lucha de poder entre dos facciones que pugnaban por el control de la decadente y moralmente corrupta Rapture.

“El hombre elige. El esclavo obedece”, seguía esputando en actitud provocadora Ryan. “Mata”, sentenció, lo que propició que Jack comenzara a golpearle con un palo de golf. Mediante esta última orden, el creador de Rapture decidía quitarse la vida utilizando a Jack como el instrumento de su propia muerte, lo que implicaba que moría bajo sus propios términos en lugar de siendo asesinado por uno de los lacayos de Atlas, el otro poder en la sombra de Rapture. Efectivamente, Andrew Ryan murió como un hombre libre y por decisión propia, abanderando su ideología hasta las últimas consecuencias, mientras que los jugadores estuvieron todo el tiempo sometidos a una voluntad ajena, haciéndolos esclavos a todos los efectos.

En última instancia, la cita de Andrew Ryan funcionó magistralmente por partida doble. Por un lado, convertía al personaje en una tesis ideológica personificada, que bebía directamente de Ayn Rand, el objetivismo y el mito del individualismo absoluto. Por otra parte, deconstruía de manera brillante la linealidad de muchos videojuegos y la ausencia de agencia propia de sus protagonistas, justificando a nivel argumental la progresión de Jack a través de Rapture como un gran engaño, sujeto a la voluntad de Atlas, la contraparte moral e ideológica de Ryan. Por estas razones, BioShock sigue siendo un videojuego querido y recordado incluso dos décadas tras su lanzamiento.
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