Libros
Reseña de ‘Una película de terror’, Paul Tremblay se quita la máscara
Nocturna Ediciones nos trae la nueva novela del autor, ambientada en Hollywood y, además de aterradora y triste, repleta de experiencias personales.

Se llama ‘Una película de terror’, pero es un libro. Es un libro, pero está escrito como un guion. Paul Tremblay (Colorado, 1971) es más meta y ácido que nunca en su nueva novela, en la que hasta parece ajustar cuentas con Hollywood y todos aquellos que le han maltratado a él y a sus obras al adaptarlas a la gran pantalla. Una historia de género que no solo se cuenta a través de varios formatos, sino también a través de varias líneas temporales, sello personal del autor desde la laureada ‘Una cabeza llena de fantasmas’ (la cual, por cierto, llegará a cines en 2026). Rápido, divertido y más intrigante y mal rollero que aterrador, se nuevo trabajo es nuestra recomendación de la semana.

Sinopsis de ‘Una película de terror’
En 1993, un grupo de jóvenes dedicó un mes al rodaje de ‘Una película de terror’, un terrorífico largometraje independiente. ¿Lo curioso? Solo vieron la luz tres escenas de la película que con el tiempo ha conseguido una legión de fans. Treinta años después, Hollywood impulsa un remake de gran presupuesto.
El hombre que interpretó al Chico Flaco recuerda a la perfección los secretos ocultos en el guion, los extraños sucesos del rodaje y la tragedia que ocurrió. A medida que emergen los recuerdos, las fronteras entre la realidad y el cine, el pasado y el presente empiezan a difuminarse. Tres décadas después, el único superviviente del reparto original va a ayudar a rehacer la película. Pero, ¿a qué precio?

La sinopsis del libro puede dar a entender que estamos ante un protagonista nostálgico y melodramático que va a contarnos todo desde un tono grave. Nada más lejos de la readidad. Una de las sorpresas y alegrías que nos ha dado el libro es que ese Chico Flaco, nuestro narrador, es un Holden Caulfield de la vida con un sentido del humor estropeado y un cinismo que enamora. Hace que todo avance a gran ritmo y que haya cierto existencialismo, el eco siempre hermoso de toda novela sobre adolescentes perdidos que no saben qué hacer con su vida.
Como ya hemos dicho, la novela se divide en dos líneas temporales y tres formatos. Por un lado están el pasado (desternillante cuando el protagonista está acompañado y de lo más perturbador cuando se queda solo) y el presente (más triste y reflexivo). Por otro, tenemos esos tiempos escritos en prosa y luego, entre capítulos, el guion de la película de terror en torno a la que gira todo.
Este esqueleto funciona bien, pero tiene una pieza más suelta que las demás. Sin querer darnos ínfulas de nada, el guion es lo menos interesante con diferencia y no hay un solo ejemplo en el mundo que esté escrito así, con ese liricismo y esas descripciones. Resulta inverosíil por más pretenciosas que sean Valentina y Cleo, sus responsables. También se siente un poco truqui que sean sus partes las que hagan volar al libro y devorarse en dos tardes.

Esta vez, Tremblay construye su terror a través de espacios perturbadores para cualquier lector y algunas escenas de violencia física. Colegios abandonados, un cigarrillo que se te apaga en la piel, historias sobre maldiciones y objetos abandonados que te transforman... Es incómodo en la distancia. Sin embargo, lo mejor de todo es la instantánea que hace de los rodajes. No a través de decenas de referencias cinéfilas, sino de la experiencia. Los juegos de poder y la manipulación; los comportamientos humanos, a veces horrendos sin ninguna razón válida; la indiferencia de aquellos cuyo camino a veces se cruza en nuestra vida y su posterior desapareción. Un mundo efímero, falso, lleno de sombras.
También es verdad que pospone la primera toma de información y los primeros incidentes porque, una vez llegan, está claro que no están a la altura del hype que venían levantando y pincha un globo que a partir de ahí se va a desinflando. Va de más a menos y si bien llegas al final antes de desconectar por completo, te quedas con algunas explicaciones a deber y con ganas de que el maravilloso tono inicial hubiera tomado otros derroteros.
En definitiva, ‘Una película de terror’ es una de las mejores novelas de Paul Tremblay. Una en la que no está tan preocupado por asustar ni por imitar el estilo del libro que le valió el premio Bram Stoker. Aquí se atreve a quitarse la máscara de vez en cuando y a dejarnos ver una versión más reflexiva, tanto sobre su experiencia trabajando con Hollywood como sobre los sacrificios que exige el arte y los precios a pagar con el correr de los años. Y todo ello sin dejar de ponernos los pelos de punta y sin perder un ápice de su capacidad para enganchar.
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