Crítica de ‘Un Simple Accidente’, una imprescindible lección de cine
La Palma de Oro de 2025 reivindica el cine iraní y ofrece una alternativa a las producciones realizadas con los Oscar y la taquilla en mente.

Cine bien hecho. ‘Un simple accidente’ es una película construida con los elementos que debe tener, sin recurrir al efectismo ni a recursos externos a la esencia del cine. Nos recuerda que lo que importa es cómo contar las cosas más que lo que se cuenta, y Panahi lo demuestra valiéndose de una premisa que él mismo califica de simple para desplegar una afinada maquinaria cinematográfica en la que caben el humor, la reflexión, la denuncia, el suspense, la sorpresa y la ironía, todo ello engarzado con un pulso natural y una estructura sencilla pero elegante.
Si quieres pasar un rato entretenido, es tu película; si quieres aprender cine, es tu película; si quieres ver una película de las que tienen algo más, es sin duda tu película. No hace falta reivindicar ni la carrera de Panahi, que siempre ha tenido un gran prestigio internacional, ni ‘Un simple accidente’, puesto que ganó la Palma de Oro de Cannes, pero sí es necesario llevarla al gran público.
Incluso si la película no resultara ser tan buena, habría que hacerlo, porque muestra una manera de hacer cine muy diferente, mucho más artesanal. No digo que esta deba ser la única forma de hacer cine, pero, desde luego, tampoco lo es la de las grandes producciones.
Recientemente se ha sabido, por una entrevista a Matt Damon y Ben Affleck, las condiciones mercantilistas que impone Netflix en los guiones de sus producciones audiovisuales. Pues bien, que una película iraní dé una lección de cine al resto del mundo haciendo una magnífica obra con pocos medios resulta, si no esperanzador, al menos poético. Por supuesto que nada va a cambiar, pero tampoco está todo perdido.

Hay ciertos prejuicios con el cine que no cumple con las características más típicas. Me refiero al cine de Hollywood, medido por el rasero de los Oscar, la taquilla y las estrellas. Y siempre pienso en la cantidad de maravillas que se pierde el gran público por no romper con esa imposición social.
‘Un simple accidente’ es eso, un pequeño accidente que suele ocurrir de vez en cuando y que abre una brecha en el correoso tejido del conformismo cultural cinematográfico para recordarnos que el cine no se trata de guiones hechos por comités de ejecutivos, sino que sigue siendo un arte y, como tal, no se puede embotellar y vender. O, al menos, no en su totalidad.
En Irán nos lo recuerdan cada cierto tiempo. ¿Qué tiene el cine iraní de Panahi, de Kiarostami y de Farhadi? Que desde hace muchos años demuestran que no son accidentes aislados, que son diferentes y reconocibles, y que muestran sus ciudades como no lo hace nadie. Ciudades sin maquillaje, tan reales que resultan familiares
El reparto en su totalidad actúa como una afinada orquesta que se mueve entre una naturalidad casi amateur y un esperpento contenido. Destaca Vahid Mobasseri, que es capaz de defender una interpretación con una pierna en la comedia y la otra en el drama más oscuro. El uso de la cámara es magistral, pero no hablo de alardes circenses. Me refiero a aguantar el plano cuando hay que aguantarlo, a valerse del tráfico para ensuciar el plano, a componer esos preciosos planos generales; en definitiva, a retratar una y otra vez, sin resultar monótona, a la cuadrilla berlanguiana que protagoniza la película.
Animo a todo el que pueda a que la vea, que se quite el velo de los ojos y deje a un lado las excusas habituales, porque no es ni una película lenta, ni rara, ni compleja; es sencillamente un trepidante simple accidente cinematográfico.

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