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Crítica de ‘Marty Supreme’, Timothée Chalamet alcanza la grandeza que tanto perseguía

La nueva película de Josh Safdie parece un remake de ‘Diamantes en bruto’, recuerda a Scorsese y deja el Oscar en bandeja de plata para el actor.

Marty Supreme Crítica Review Película
David Arroyo
Responsable de actualidad en MeriStation
A David lo de “aprendiz de mucho, maestro de nada” nunca le echó para atrás. Estudiante de historia del arte, periodismo, comunicación audiovisual y guion, el medio nunca le ha importado. Videojuegos, literatura, cine, televisión, manga y anime. Da igual. Lo único que le importa son las buenas historias, se escondan donde se escondan.
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(5 estrellas)

Su divorcio fue tan traumático como el de los Coen o el de Andy y Lucas, pero después de seis películas juntos, también había ganas de ver lo que hacían los hermanos Safdie por separado. O como dicen las malas lenguas, había ganas de comprobar cuál de los dos era el realmente talentoso. Tras ver ‘Marty Supreme’, queda claro que la primera contienda se la ha llevado Josh con bastante holgura. Es cierto que Benny firmó un debut muy digno con ‘The Smashing Machine’, en la cual logró que Dwayne Jhonson se creyera que era actor y que hasta podía ganar un Oscar, pero es que Josh directamente le ha entregado la estatuilla en bandeja de plata a un Timothée Chalamet sediento de gloria.

La mejor forma de saber si te va a gustar ‘Marty Supreme’ es ponerte Netflix y ver ‘Diamantes en bruto’ (2019). La cinta que hoy nos ocupa parece un remake de aquella, pero cambiando el baloncesto por el pin pong y a Adam Sandler (a quien los Safdie también dieron el mejor papel de su vida) por un Chalamet igual de excelso. El ritmo y montaje de la nueva es el mismo de entonces, puro TDAH, planos sucios y llenos de gente con un protagonista yendo de un lado a otro, liándola cada vez más y generando un estrés a caballo entre lo divertido y lo febril.

Quienes hayan visto la imprescindible ‘Moneyball’ (2011) recordarán esa demoledora escena con Brad Pitt conduciendo, escuchando a su hija cantar y rompiéndose por completo al verse obligado a elegir entre su sueño y su familia. La película de Bennett Miller (insistimos, imprescindible) mostraba la cara amable de la obsesión por un deporte. Había cordura y moral en sus protagonistas. Había luz. ‘Marty Supreme’ es el otro lado de la moneda, la locura, el caos, instinto e intestino.

Que nadie espere un biopic deportivo al uso. Por momentos, la cinta parece una película de Martin Scorsese sobre la mafia. Hay tantos tiros como raquetazos. Tantas estafas y mentiras como partidos de ping pong. A sus personajes no les sale nada bien y aún así a ninguno se le pasa por la cabeza levantar el pie del acelerador. Da igual que se pasen la película sucios y sudados, sin hogar, recibiendo bofetadas y rebuscando en la basura de vida que tienen; ellos no desisten. Poseen una pasión que se contagia al espectador y que hace vibrar a cualquier sala de cine ante la posibilidad de que realmente exista alguien capaz de jugársela al destino y salirse con la suya.

Crítica de ‘Marty Supreme’, Timothée Chalamet alcanza la grandeza que tanto perseguía

La cinta es una señora experiencia de dos horas y media que le deja a uno como las cenas de Nochebuena, exhausto y a punto de reventar. No se le puede pedir mucho más a una visita al cine. ‘Marty Supreme’ deja claro lo original e inolvidable del viaje propuesto desde sus enfermizos títulos de crédito, en los que seguimos a un espermatozoide de camino al óvulo al ritmo de 'Forever Young’. A partir de ese momento, Josh Safdie lleva al límite el dicho de que todo genio está tocado por la locura. Logra que nos riamos de sus bromas sobre el Holocausto (pasadísimas de frenada), que viajemos en el tiempo y el espacio a través de secuencias de montaje dignas del Hollywood de antaño, que nos enamoremos de Odessa A’zion y que nos miremos a nosotros mismos, al abismo, en su precioso plano final.

Hace apenas un año, al recoger su SAG, Timothée Chalamet aseguraba estar “persiguiendo la grandeza”. Hoy podemos decir que la ha alcanzado. Sabes que su actuación ha sido histórica cuando la gente sale del cine queriendo parecerse a un personaje deleznable. Es el Jordan Belfort de DiCaprio, el Patrick Bateman de Christian Bale. Más física y visceral de lo que esperábamos, hasta logra hacer creíble ese romance de 23 años de diferencia con Gwyneth Paltrow. Él es media película. La quintaesencia de la soberbia y el egoísmo, su evolución hacia la madurez previo paso por la humillación. Es puro cine. Pathos. Cuando ves a Marty corriendo como un niño hacia el sueño de su infancia, también ves a Chalamet corriendo a por ese Oscar.

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