Cine

Costa-Gavras: “Creo que todas las películas son políticas; la vida es política”

A sus noventa y dos años, el director griego, que estrena ‘El último suspiro’, sigue comprometiendo su cine a su vida.

Costa-Gavras
Gorka Estrada
Redactor de Cine de Meristation
Actualizado a

Costa-Gavras lleva sesenta años haciendo un cine valiente y directo. El director griego afincado en Francia ha forjado una filmografía con títulos más que interesantes e incluso en ocasiones necesarios.

A su 92 años, la pasión por plasmar su tiempo en película sigue intacto. Producto de este compromiso es su nueva película ‘El último suspiro’. Aprovechando la promoción del filme hemos tenido una interesante conversación sobre el cine y su vida.

A pesar de ser ya un cineasta muy consagrado, ¿tuvo problemas para producir y distribuir la película al tratar un tema tabú como es el de la eutanasia?

Costa-Gavras. Tabú total, nadie quería gastar dinero para hacer esta película, nadie quería ver esta película. Las salas, los distribuidores, las televisiones, ninguno. Finalmente, y poco a poco hemos decidido Michèle, que es mi mujer y además productora de la película, y yo bajar las condiciones económicas. Esto se ha conseguido también gracias a que los actores han rebajado todos sus salarios, de modo que la película se pudo hacer.

¿Este esfuerzo económico fue para hacer la película o simplemente su distribución?

Para todo, pero principalmente para poder llevar la película a las salas de cine, aunque con tremenda dificultad. Afortunadamente, la gente se ha ido interesando por la película y eso ha ayudado a la distribución.

Quería darle la enhorabuena por ‘El último suspiro’ porque me ha emocionado mucho. Creo que ese es un valor muy importante.

Toda la solidez de esta película está en la emoción y que te lleve a pensar en ti mismo.

Cuando se afronta una nueva película como ‘El último suspiro’ ¿se parte desde una emoción, desde una imagen o desde un mensaje?

No, yo no pienso en un mensaje porque un mensaje dice lo que hay que hacer. Es como una ley.

Contamos historias que tienen un contenido, algo que es parte de la sociedad. Eso lo que es interesante para mí, hacer películas que tienen algo que me toca profundamente y de eso parto para empezarlas.

Siempre se le ha puesto la etiqueta de cineasta político, yo no estoy de acuerdo. No sé si usted si lo está.

Yo creo que todas las películas son políticas. No se puede salir de esa condición. Lo que hacemos ahora en este momento es una relación humana, política y social. Lo que vivo yo, lo que hace usted y lo que va a leer la gente en esta entrevista es un signo de política. La política no es solo por quien votamos, no, la política es la vida cotidiana y cómo nos relacionamos entre nosotros. Está ligado a las interacciones que hay en la polis, que es la ciudad.

Hablando de la construcción de una película. Cuando la está rodando, ¿es fiel al guion o lo deja abierto a la improvisación?

En Francia hubo un cierto periodo en el que se consideraba la improvisación como lo máximo que se podía hacer. Yo no creo que se pueda improvisar ocho horas al día durante cuatro meses. Es imposible. Me refiero a todos, no solo al director, también a los actores y a los técnicos. A todos, ¿no?

Creo que la película al escribirla hay que planificarla todo lo que se pueda, aunque después seguramente haya que repasar algunas partes durante el rodaje. Siempre hay problemas que hay que revisar.

Conocí un cineasta que me dijo que el rodaje es la parte menos creativa de toda la producción cinematográfica. ¿Qué piensa?

A veces estoy de acuerdo con eso y a veces, no. Las dos. (risas)

Mi trabajo es artístico, pero también está unido a lo técnico. Empujo mucho a todos porque el tiempo es corto, ya que todo cuesta mucho dinero.

En un rodaje hay mucha gente alrededor del director esperando saber qué tiene que hacer. Esto supone una presión permanente, por eso no se puede improvisar. Así que, simplemente nos ponemos a hacer un plano y después otro más. Esta decisión, la elección de uno o de otro plano, es parte de la creación como lo es el guion. También pasar de uno a otro plano y tenerlo en cuenta cuando se escribe la psicología de los personajes y las relaciones entre ellos es parte de la visión del director.

Por otro lado, está la parte del montaje. No se puede filmar y después dejamos el material sin más al montador. El montaje hay que preverlo durante el rodaje. ¿Hacemos este plano largo o cerrado? Voy montando la película según la voy rodando. Imprimiendo la intención del director.

Hay directores que ruedan todo, todo, todo lo que ocurre en la escena y luego lo pasan a montaje. En ese caso, ¿quién hace la película? ¿De quién es la película? Al final la película no tiene alma. El alma de la película es el director para bien o para mal (risas).

¿Cree que hoy en día es posible hacer una película con una temática incómoda para el gran público?

Sí, hay que incomodar al público, hay que hacerle salir de la comodidad, pero ¿qué es el público? Pensamos en los cines, pero una película pasa por las salas y hace doscientos mil espectadores, luego pasa a televisión y hace cinco millones de telespectadores. ¿Cuál es el gran público? No, no se puede calcular esta situación. Solo hay que pensar en el momento presente en el que está cada película sin pensar a quién va a llegar porque una película tiene muchas vidas.

¿No cree que ya desde el guion las grandes producciones de Hollywood con altos presupuestos evitan los temas profundos produciéndose una distancia entre ese cine y el resto?

Es una pregunta interesante. Hay diferencia en este sentido con las películas de Hollywood, no todas porque hay mucha gente que hace películas extraordinarias allí, pero entre la cultura hollywoodiana y la cultura francesa, española o en definitiva europea la diferencia es que aquí hacer películas tiene muchas dificultades, pero los temas son mucho más cercanos a la sociedad, a los hombres. Es la tradición desde el principio porque no estamos industrializados como allí.

Y para terminar una pregunta un poco rara, ¿actúa usted en la comedia de los ochenta ‘Spies like us’ de John Landis? Es usted, ¿verdad?

(Risas). John Landis era mi amigo y estaba rondando esa película en Noruega. Me preguntó si quería participar en una escena junto a su hijo. Tenía un papel para mí.

Me metió en un lugar del que teníamos que salir corriendo para que al rato hubiera una explosión a lo lejos, pero no fue así, explotó inmediatamente y muy cerca. (risas)

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